miércoles, 27 de octubre de 2010

INTERNACIONAL

“La situación del obrero moderno es muy distinta, pues lejos de mejorar conforme progresa la industria, decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. El obrero se depaupera, y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la población y la riqueza. He ahí una prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando a la sociedad e imponer a ésta por norma las condiciones de vida de su clase. Es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aún dentro de su esclavitud; porque se ve forzada a dejarlos llegar hasta una situación de desamparo en que no tiene más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla a ella. La sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esta clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la vida de la sociedad.

La existencia y la dominación de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incrementación constantes del capital; y ésta, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado. El trabajo asalariado descansa exclusivamente sobre la competencia de los obreros entre sí.”

CARLOS MARX (Manifiesto del Partido Comunista, principios de 1848)

La crisis del capitalismo sigue su marcha imperturbable, sin pausa ni prisa, hacia la extensión y la profundización. Las declaraciones, análisis, conclusiones “optimistas” de organismos e instituciones, oficiales y paraoficiales, como las de todos los medios en manos imperialistas, se inscriben en una amplia “guerra de desinformación” y forman parte de la “guerra psicológica” a la que está sometida toda la humanidad.

Muchos países han sacado su comercio del área del dólar. Comercian en sus monedas nacionales o recurriendo a una canasta de monedas. La inmensa deuda gemela de los Estados Unidos (deuda fiscal y deuda externa) suma ya, aproximadamente, doce billones de dólares y sigue creciendo por los intereses que genera y los gastos militares. La única máquina que trabaja veinticuatro horas en Estado Unidos es la impresora de billetes. Hoy, más que nunca, es acertado afirmar que el dólar tiene por único respaldo a las Fuerzas Armadas, no sólo las norteamericanas, sino las de la OTAN. En definitiva, el dólar está “sentado” en la incómoda punta de la bayoneta y camina por el filo de una navaja. Esto es la Santa Alianza de la burguesía imperialista, que se presenta cuando graves problemas aquejan al sistema. Como ocurrió en la primera y segunda guerra mundial, se presenta ahora, cuando se hace NECESARIO destruir fuerzas productivas y preparar el terreno para reciclar el sistema nuevamente.

Hoy por hoy, el sistema se encuentra en franca recesión. Las consecuencias afloran con mayor virulencia en los países desarrollados que acusan grandes deudas fiscales producto de enormes erogaciones que fueron dirigidas para “salvar” a los grandes bancos, erogaciones destinadas a evitar las bancarrotas de grandes empresas privadas, más enormes gastos para subsidiar su comercio. En fin, para afrontar estos gastos debieron y deben efectuar brutales traslaciones de recursos desde los proletariados hacia la burguesía financiera más concentrada, pero nada, absolutamente nada, puede

detener el proceso de centralización y concentración del capital, lo que acelera el empobrecimiento general y acerca al sistema al abismo de la debacle. A este proceso, generado por el desarrollo de sus propias contradicciones, debemos sumarle la aparición de la tendencia histórica de la tasa decreciente de ganancia como producto de la incorporación masiva de alta tecnología a los procesos de producción que, objetivamente, cambia la composición orgánica del capital: mayor capital fijo y menor capital variable. Para la economía capitalista, esto se traduce, por un lado, en una mayor productividad del trabajo humano, disminución absoluta de la extracción de plusvalía extensiva y su reemplazo por la incorporación de enorme masas de capital para maquinarias e insumos que redundan en los aumentos de los ritmos de trabajo; por otro lado, lo que se denomina como extracción de plusvalía intensiva, lo que deriva en una tendencia al crecimiento desmesurado de la mano de obra desocupada. La desocupación, por la imposibilidad de reubicarla, se transforma en marginalidad económica y social, expulsión del “mercado laboral” y también de los “mercados de consumo”. Todo esto se expresa como disminución del poder de compra generalizado, lo cual achica el mercado de consumo de mercancías y aumenta la crisis de súper producción. Esta desocupación deja de tener las características tradicionales, para convertirse en una desocupación estructural, en una franca marginalidad al no tener solución en lo inmediato, mediato ni a largo plazo. En este tema, el gobierno del agente de la CIA, Premio Nóbel y Gran Mentiroso, miente patéticamente: dice tener una desocupación del 9,7%, cuando en realidad la desocupación en Estados Unidos tiene un piso de por lo menos un 22%. Están manipulando todas las cifras al más puro estilo de los países bananeros.

Las últimas estadísticas sobre desocupación publicadas en Estados Unidos han profundizado el pesimismo sobre las perspectivas de la economía capitalista. Las bolsas del mundo reaccionaron a la baja. El casino de la especulación, lejos de detenerse, parece que se incentiva. Los gobiernos aparecen como paralizados y pareciera que no salen de las declamaciones sobre la necesidad de regular los capitales financieros. Pero, esto es una ficción que quieren hacer creer al proletariado, mientras siguen con las consabidas “recetas” que generalizan el empobrecimiento de los pueblos. Los países de la Comunidad Europea, unos más y otros menos, también poseen altas tasas de desocupación, por tanto, podemos esperar, no dentro de mucho tiempo, la agudización de los enfrentamientos de clase.

Japón, la “economía del milagro” de otros tiempos, padece la misma enfermedad aunque, a decir verdad, ya se le ha transformado en enfermedad crónica. La enfermedad japonesa entraña un riesgo adicional: el Banco Central Japonés, en sus reservas, es el segundo -en dimensión- poseedor de bonos de deuda del Tesoro norteamericano. Hace poco se vio “obligado” -para conseguir liquidez- a deshacerse de más de cincuenta mil millones de dólares en el mercado, lo que hizo tambalear la economía estadounidense. El otro gran tenedor de bonos de deuda norteamericana es China, que es un franco acreedor de Estados Unidos. Las presiones para que revalore su moneda, el remimbi o yuan, apuntan a la necesidad de Estados Unidos de “licuar” su deuda revalorizando el dólar frente a la moneda china y también a reducir la competitividad de las mercancías chinas en el mercado internacional. Si se lograran estos objetivos de que los chinos cedan a las presiones de la burguesía imperialista no sólo yanqui, sino también la europea y japonesa, se agravarían sus problemas con el proletariado chino y sus conflictos sociales que ya de por sí son innumerables. A esta puja por los valores de las monedas se le está dando el nombre de “guerra de divisas”. Pero, en realidad, son manifestaciones de la crisis frente al inevitable achicamiento de los mercados, del empobrecimiento generalizado llevado al nivel de las “naciones”. China tiene un arma de defensa muy eficaz. Difícilmente se decida a usarla porque hundiría a toda la economía capitalista cuando todavía no se ha presentado en la escena el reemplazo del dólar. Si pone en el mercado internacional TODOS los bonos de deuda norteamericana, seguramente haría caer al dólar como moneda de cambio internacional pero, también, su economía entraría en un proceso peligroso, con graves consecuencias político sociales no sólo en China, sino en todo el mundo.

La gravedad de las situaciones que acechan al dólar como moneda de cambio internacional se está convirtiendo en un hecho irrefutable. Muchos países desde ya hace tiempo han dejado de lado al dólar en su comercio. Otros, presionan cada vez más para que en el comercio internacional se usen los DEG, Derecho Especial de Giro. Frente a esta realidad, el FMI ha puesto entre signos de pregunta la posibilidad de que el dólar continúe su existencia con las actuales características. Es evidente que las burguesías imperialistas norteamericana, europea y japonesa no van a permitir que el dólar caiga sin dar pelea por él. La caída del dólar implica el fin del mundo tal como lo conocemos y la apertura de un proceso inédito. Medir con los viejos parámetros, usados para analizar las crisis anteriores, es por lo menos querer encasillar nuevas realidades en viejos esquemas. Tan erróneo como creer que el mundo y el sistema capitalista han cambiado tanto que se hace necesario elaborar “nuevas teorías” como las que andan en boga.

EL IMPERIO DEL MIEDO. EL MIEDO COMO FORMA DE MANIPULAR LA MENTE DE LA HUMANIDAD.

El miedo como medio para desviar la atención y paralizar a las masas es utilizado en todo el mundo. La usina central está en Estados Unidos. La burguesía imperialista norteamericana se creyó sus propias mentiras. Se las creyó por su formación idealista, su pensamiento idealista. Los marxistas sabemos que ningún fenómeno puede ser transformado desde afuera, que las contradicciones internas que dan vida y movimiento a los fenómenos son los que determinan su desarrollo. Que las fuerzas externas influyen, pero no determinan. Ellos creyeron que habían sido los que determinaron la caída y la disolución de la Unión Soviética. Creyeron que podían solucionar su crisis económica, política y social -que comenzó en los años `70, sin grandes inconvenientes- ocupando zonas de influencia de la ex URSS. Se creyeron, porque lo proclamaron, el fin de las ideologías, el FIN de la lucha de clases. Se convencieron de que ocupar y apropiarse de las riquezas de otros países, iba a ser un “cómodo paseo”. No aprendieron nada de Vietnam. No aprendieron que los pueblos resisten las invasiones extranjeras. Que su gran desarrollo tecnológico de nada sirve frente a la determinación de los pueblos.

No aprendieron que la derrota en Vietnam hizo que se los odiara en todos los pueblos periféricos, confundieron las simpatías y necesidades de un puñado de cipayos, con las aspiraciones de los pueblos. No sólo perdieron el respeto de otros pueblos, sino del suyo. Esta pérdida de respeto por parte de su pueblo les hace más difícil unirlo tras sus criminales objetivos.

Se vieron obligados, frente a la caída de la URSS, a buscar un nuevo “enemigo”. Eligieron el monigote del “terrorismo internacional”, espantajo tras el que intentan ocultar su crisis y desatar guerras de conquistas que invariablemente pierden. Pero se olvidaron que iba a ser difícil, muy difícil, “congeniar” intereses geopolíticos, históricamente diferentes y hasta contradictorios y excluyentes. Allí tenemos a Irak, ninguno de los objetivos que se propusieron fueron alcanzados, en realidad uno solo: han masacrado más de un millón de iraquíes, ancianos, mujeres y niños. Cuando se retiren definitivamente, porque se van a retirar, dejarán un país económica y socialmente desvastado, políticamente más inestable que cuando ellos lo invadieron. Son y serán muchísimo más odiados que antes. Afganistán y Pakistán, en camino de otra ignominiosa derrota. ¿Cuáles son las mentiras que se les dice a los ciudadanos estadounidenses y del mundo? ¿Qué quieren ocultar con tantas mentiras? Quieren ocultar que el desempleo masivo, la enorme cantidad de embargos y la creciente pobreza no son características de una crisis económica, política y social. Que la legalización de la tortura y los asesinatos políticos selectivos contra dirigentes políticos opositores no forman parte de una crisis político institucional, sino que tienen el propósito de “hacer que el mundo sea más seguro”. ¿Seguro para quién? Resulta que las guerras son por “motivos humanitarios” y se consideran y las consideran una “solución” para las crisis. Se dice que la recesión económica ha pasado. Que no hay recesión. A los asesinatos de civiles se les llama “daños colaterales”. Son daños colaterales los asesinatos que llevan adelante el ejército y la policía hondureña contra el pueblo hondureño, los ataques a civiles con aviones no tripulados en la frontera afgano-paquistaní. Pero es el agente de la CIA, Obama, el que preparó el golpe de estado, es la burguesía imperialista la que entrena a los oficiales de los ejércitos y policías latinoamericanos en sus cuarteles y academias, tal como entrena a los terroristas de Al Qaeda, Jundalah y tantos otros. Responsables son las burguesías y los gobiernos de esos países que los mandan y les permiten seguir en funciones en lugar de echarlos. La burguesía norteamericana cree que todo sigue igual. Se cree la dueña de la vida y de la muerte de los pueblos latinoamericanos. Cree, seriamente, que somos “su patio trasero”. No ve que existe una lucha encarnizada del proletariado latinoamericano, los pobres de las ciudades y el campo, contra las burguesías asociadas a ella. Enfrentamiento que lenta pero inexorablemente va cambiando la relación de fuerzas. No ve que esa relación de fuerzas se traduce en gobiernos que deben ceder algo para evitar la radicalización de las masas. Gobiernos que tienen que apelar a gruesas mentiras, pero también a medidas que afectan “intereses” de ella. El desalojo de la base militar norteamericana de Mantas es una medida que afecta a la burguesía imperialista norteamericana, como la retirada del canal de Panamá. El antiimperialismo se ha hecho carne en una parte importante de las masas latinoamericanas. Lo que hoy se presencia es la puja de las masas contra “sus” burguesías asociadas a la burguesía imperialista internacional. Debemos estar expectantes para ver las medidas que se tomen en Ecuador contra los golpistas que deben ir a fondo. Si no es así, estaremos presenciando nuevamente que “entre bueyes no hay cornadas”…

La burguesía imperialista, asociada a las burguesías periféricas, lleva en sus entrañas contradicciones secundarias. Son secundarias hasta que, con el devenir de la crisis, se vayan agudizando y pasen a ser principales. LA IMPERIOSA NECESIDAD de generar un nuevo reparto del mundo origina alineamientos y reacomodos en las alianzas de las burguesías. La situación en Irán, Irak y Afganistán son sólo parte de la febril complejidad de los movimientos que se desarrollan hoy en el mundo. Por eso, son llamativas y muy significativas las palabras vertidas en Yalta por el Ex Presidente Bill Clinton, cuando se refiere a que los norteamericanos deben ir acostumbrándose a la idea de que Estados Unidos pierda la hegemonía en el mundo. Mirando atentamente el contexto y el lugar donde fueron pronunciadas se puede pensar que estamos frente a una táctica de distracción para que el verdadero enemigo, Rusia, “baje la guardia”. O es un arrebato por sincerar el real estado de debilidad. La vida lo dirá.

Nosotros creemos que la posibilidad de una nueva guerra mundial está latente, es más, la burguesía imperialista norteamericana con la israelí como punta de lanza, cree haber preparado el terreno para empezarla, generalizarla, esperando que los iraníes caigan en la trampa de dar respuesta a una provocación. Inventaron la excusa: el supuesto proyecto nuclear militar iraní; aplicaron cuatro rondas de sanciones unilaterales a las que se sumaron las burguesías imperialistas europea, japonesa y las sospechosas “indefiniciones” de Rusia y China, miembros plenos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; abonaron -o creen haber abonado- el terreno con intensas campañas de guerra sicológica. Ahora quieren hacer creer al mundo que promueven la “paz”. En las intensas gestiones diplomáticas de agentes y funcionarios del imperialismo norteamericano en El Líbano, Siria, Turquía y Palestina subyacen las retorcidas intenciones de aislar a Irán. Gestiones que llevan el sello del fracaso. El imperialismo, políticamente hablando, está sumamente debilitado, algo que lo hace más agresivo y peligroso. Debilidad que se manifiesta en que no puede alcanzar sus objetivos.

Su objetivo, respecto de Israel, va camino al fracaso: no ha podido frenar y ha debido negociar una inspección al desarrollo nuclear israelí. Si bien el estado sionista no lo permitió, por ahora, esa negativa, se convierte en una razón frente al mundo para que Irán tampoco lo permita. Si Israel no cumple con las resoluciones de las Naciones Unidas sobre los territorios ocupados, ese incumplimiento traba las “conversaciones” con Estados Unidos y se transforma en argumento en favor de Siria. Los acuerdos y negocios de la burguesía turca con la iraní, difíciles de revertir, son otro escollo para los planes de la burguesía imperialista y su aparato militar, la OTAN. Existen demasiados elementos en contra para que el gobierno norteamericano pueda llegar a aislar a Irán. No nos engañemos: la guerra contra Irán no va a empezar. Empezó en 1979 con el derrocamiento del Sha Reeza Pahalevi, su Gran Títere. Comenzó con la nacionalización del petróleo por parte de los ayatholas, como antes (en 1947) fue agredido el gobierno nacionalista de Mosadegh por los gobiernos imperialistas de Estados Unidos e Inglaterra por la misma razón. ¿Quién armó hasta los dientes al Irak de Saddam Husseim para que agrediera a los iraníes en 1980…? Sin ninguna duda, la Santa Alianza de la burguesía imperialista, encabezada por Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Esa guerra, según los analistas del imperialismo, no tuvo un “vencedor”. Una mentira que esconde otra derrota. El objetivo central fue derrocar a los ayatholas. No lo consiguieron a pesar de las muertes y la destrucción que dejaron en los dos pueblos. Los servicios de inteligencia de la OTAN se dieron, frente al fracaso, la tarea de armar y financiar grupos terroristas como Jundallah para librar una guerra encubierta que dura hasta hoy y se manifiesta en todos los atentados que realizan en todo Medio Oriente. Ahora parece que la quieren trasladar, desde el sabotaje permanente y tradicional, al ámbito de la cibernética, algo que ya “exploraron” en las últimas elecciones presidenciales iraníes agitando y propagandizando mentiras sobre los resultados del escrutinio. Hoy, dicen que han creado un “gusano cibernético” para sabotear la industria, principalmente las centrales nucleares, de Irán. ¿Quién dice que no están agrediendo al gobierno y el pueblo iraní? ¿Qué resoluciones toman las Naciones Unidas para detener esta clara agresión? La supuesta neutralidad se convierte en cristalina complicidad desnudando que las Naciones Unidas no reflejan ni por lejos los intereses de los pueblos que siempre fueron amantes de la paz y la justicia. Recordar: es el mismo camino que transitó la Sociedad de las Naciones antes de la Segunda Guerra Mundial. Es manifiesto el doble rasero y el doble discurso en el más alto organismo político de la humanidad.

Sólo los gobiernos, que se arrodillan frente a los yanquis, como el de Argentina, pudieron retirarse de la Asamblea General cuando habló Amhadinejad. No dijo nada que todo el mundo no tenga bajo sospecha: el supuesto atentado a las torres gemelas, que en realidad fue un auto atentado que llevó adelante la CIA por orden de Bush para darle cuerpo y vida al NUEVO ENEMIGO, al igual que el supuesto “ataque japonés” a Pearl Harbour que “legitimó”, frente a su propio pueblo, la decisión de la burguesía imperialista yanqui y el gobierno demócrata -¡oh, casualidad- del “progresista” Franklin Delano Roosvelt para entrar a la guerra de reparto del mundo. La decisión del gobierno argentino de alinearse con la política internacional de la burguesía imperialista constituye otra razón para el cambio de Canciller. Timmerman es un militante del AIPAC, organización sionista-fascista. Braden debe estar regocijándose en su tumba: un gobierno peronista apoyando la política exterior yanqui. Las palabras de repudio de Obama a los dichos del iraní no se las cree nadie. Ni él mismo, aunque diga lo contrario. Es el paradigma de la hipocresía. Estaba pronunciando esas palabras mientras preparaba con sus amigos ecuatorianos el golpe de estado. Fue un intento de golpe de estado que se puede mirar desde muchas aristas, pero debemos enmarcarlo en la puja abierta entre la burguesía, dueña del capital más concentrado de Ecuador, con el proletariado, el campesinado pobre y los pobres de la ciudad y el campo. Hasta aquí, ha sido un triunfo de las masas ecuatorianas que difícilmente quiera profundizar el gobierno, porque la “revolución ciudadana” es la política de la clase dominante ecuatoriana con una lavada de cara.

Los proletariados se movilizan. El proletariado mundial recién comienza a salir del duelo y termina de lamerse las heridas infligidas en la batalla perdida. Sus fuerzas recién se están tensando, poniéndose a prueba en las primeras escaramuzas. Las huelgas generales desatadas en muchos países auguran una creciente agudización de la lucha contra las medidas que implementa la burguesía para hacer caer sobre los hombros del proletariado los efectos de su crisis. No se visualiza en el horizonte inmediato ninguna solución viable. El proletariado necesariamente, en el fragor de las movilizaciones, irá construyendo instancias organizativas cada vez con mayor independencia de clase; irá agotando rápidamente las expectativas que lo tiene atado al destino de la burguesía.

Ante un nuevo aniversario de la muerte de Ernesto “Che” Guevara, frente a su ejemplo y sus enseñanzas, hoy más que ayer, decimos: EL PRESENTE ES LUCHA, EL FUTURO ES NUESTRO. JORGE BRICEÑO, alias Mono Jojoy, ¡PRESENTES! ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!