
Ley de medios, ley de reforma política: mucha cháchara y nada sustancioso para el proletariado argentino. Por ejemplo, se habla, se dice y se escriben metros y metros de palabras, una detrás de la otra, aunque nada se dice en realidad SOBRE LA INFLACIÓN, pero no de cualquier inflación, sino de esa que sufrimos los simples mortales cuando vamos a adquirir los alimentos que reponen las energías perdidas en la jornada laboral, cuando vamos a pagar el alquiler de la casa que nos cobija de la intemperie o el transporte que nos lleva al lugar donde gastamos nuestras energías o la luz, el gas, el agua, el teléfono, los impuestos inmobiliarios y toda la cadena de gastos, medicamentos, vestimenta, recreación, útiles escolares, etc.
El poder económico (campo, industria y comercio) está en manos de empresas monopólicas “nacionales” y extranjeras firmemente asociadas y son las que forman los precios. Las pequeñas y medianas empresas deben seguir -y siguen- los pasos de las grandes. Hasta aquí ninguna novedad. Las dueñas del mercado son las grandes: el poder para financiar o desfinanciar está en sus manos. Estas son las que utilizan la inflación como arma para disciplinar al proletariado y para mantener y acrecentar su poder político. También usan la inflación como un arma para la desestabilización. Recordemos el golpe que le dieron al gobierno de Alfonsín quien no sólo tuvo que irse, sino que fue el que dejó en marcha toda la base jurídica, junto con la base material, para el desguace de todas las empresas estatales, tarea que muy alegremente ejecutó el gobierno “nacional y popular” de Menem. Cuando terminó el “festival” ya no había mucho de dónde sacar recursos para seguir con la fiesta. Había que empezar un nuevo ciclo de acumulación. Al país no llegaban los capitales que desde el extranjero se habían sumado a la jarana, porque habían sacado sus jugosas tajadas y se fueron sin dar las gracias. Plan Brady, blindajes varios, endeudamientos con el FMI, ajustes y más ajustes fueron la receta para ir “tirando”, hasta que el ladrón Cavallo tuvo la “brillante” idea de saquear a los ahorristas e inventar el “corralito”. Claro, primero advirtió a los grandes capitalistas para que no fueran afectados. La pequeña burguesía se enojó, salió con sus cacerolas y, junto con una parte considerable de pueblo, generaron el levantamiento del 19 y 20 de diciembre del 2001. Por un lado, los recursos, que no son de goma y mucho menos con el aparato productivo paralizado, ya no estaban; por el otro, el fiestero menemato había acumulado hartazgo en la población. La Alianza era una bolsa de gatos rabiosos. El Presidente era un personaje impresentable, un inútil. Los parlamentarios eran tan inútiles como el presidente, porque se los sacó del único papel que conocen: el tráfico de influencias, los negocios sucios y otras corruptelas, no sirven para nada. Debe haber honrosísimas excepciones dentro de los parlamentos, pero, en general, sus integrantes son incapaces. Esos días desplegaron toda su inutilidad. El pueblo se dio el lujo de voltearle cinco presidentes y desconocer la Ley de Estado de Sitio. Acuerdos y desacuerdos “elevaron” al mafioso de Lomas de Zamora a la presidencia. En una mezcla de palos y caricias, la burguesía, con su títere, logró “encarrilar” la situación, pero no resolverla. Los dueños del poder no usaron la inflación, prefirieron no alimentar el incendio: era muy peligroso. Cedieron un poquito para instrumentar los planes asistenciales. El 2001 fue un severo llamado de atención. Trataron de desactivar la consigna “que se vayan todos”, mientras las organizaciones autodenominadas “izquierdas” ayudaban a desactivar las asambleas populares, y ambos lo hicieron muy bien. Toda esta historia es la que está detrás de la Ley de Reforma Política, porque esta historia continúa expresándose en la cada vez mayor abstención y en el creciente cuestionamiento a las elecciones burguesas.
La pequeña reactivación del aparato productivo permitió un nuevo proceso de acumulación, pero también una nueva vuelta de tuerca en la concentración de la producción y una mayor centralización del capital. Es un proceso del que no puede escapar la burguesía. Por más que los plumíferos analistas, al servicio de la burguesía financiera, se desgañiten queriendo demostrar lo contrario, lo cierto es que cada vez hay menos ricos, muchísimo más ricos y muchísimos más pobres, cada vez más pobres. Los índices responden a los intereses de la burguesía financiera: esconden la realidad porque les conviene mantener al proletariado y al pueblo en la más absoluta ignorancia. Hablan de crecimiento para el 2010, como si Argentina no perteneciera a esta galaxia. En lugar de crecimiento, lo más posible es que haya un estrangulamiento de la economía, que los enfrente a la misma o parecida situación que Dubai y Grecia. No se explica de otra manera la desesperación de la Sociedad Rural y sus claques de asumir de alguna forma el poder político. Lo hemos explicado, una y otra vez, que la burguesía nunca ha realizado sus ganancias con tanta tranquilidad y tan pocos sobresaltos. El “progresismo” nunca tuvo la seguridad jurídica y social con la que goza en estos momentos; porque, más allá de algunas estúpidas expresiones de deseos, apoya al gobierno, lo justifica y lo legitima. Negocios mediante, va a hacer causa común e intercambio de “favores” con el oficialismo, si bien no son lo mismo que el oficialismo. Tienen objetivos comunes que para el oficialismo son negociables.
que este gobierno nada tiene de Nacional, mucho menos de popular y menos que menos de democrático, alcanzan algunos ejemplos: en las Cámaras de Diputados y Senadores se aprobó la Ley sobre la Defensa de los Glaciares. Según tenemos entendido la votación fue por unanimidad. Sin embargo, la Ley fue VETADA por la Presidenta. ¿De cuánto es la comisión que pagará la empresa minera canadiense Barry Gold…? ¿Cuánto le pagarán al Gobernador de San Juan, José Luis Gioja y a su hermano, César Ambrosio Gioja, transformados en lobbistas de esa empresa…? Los señores Diputados y los señores Senadores ¿saben que hay un mecanismo constitucional para aprobar la Ley más allá de la voluntad del Ejecutivo? ¿O se sumarán al negocio en lugar de defender la Independencia del Poder Legislativo, tal como se sumó la Cámara Laboral al Dictado del fascista Jefe de Gabinete en defensa de la conducción del Sindicato de Aeronavegantes, que perdió las elecciones por 800 votos, según denuncia la oposición?
dirigencia sindical? Ésta no sólo resultó inservible al gobierno como contención a los reclamos de las bases, sino que se transformó en un salvavidas de plomo. Los conflictos de Kraft y Subterráneos han abundado en esa línea. Ni Moyano ni Daher (Secretario General del Gremio de la Alimentación) ni Fernández (Secretario General de UTA) han aportado nada para solucionar los conflictos abiertos en sus sindicatos; por el contrario, pese a las declaraciones en favor o en contra, fueron una piedra en el camino para cualquier negociación. Los lazos que los unen van más allá de los negocios sucios, de las traiciones a sus representados, del maridaje con el poder político de cualquier signo, porque en ellos también subyace la complicidad con los crímenes de lesa humanidad de la dictadura militar. Las listas de los delegados y activistas que manejaron los militares salieron, sin ninguna duda, de las oficinas de la burocracia. En SMATA quedó demostrada la plena relación sindicato- empresa-dictadura. Hemos denunciado, una y otra vez, que los Estatutos de la mayoría de los sindicatos son anticonstitucionales. Esa característica transforma a los obreros en cautivos de la camarilla corrupta. Los aumentos en las cuotas sindicales y en las de las obras sociales, los decide esa camarilla, como también decide la calidad de las prestaciones médicas y los descuentos en los medicamentos. Todo en función de sus patrimonios. Es poco creíble que todo eso lo decida al margen del conocimiento del poder político. Es cierto que las intervenciones de las dictaduras arrasaron las cajas de los sindicatos, es cierto que permitieron que las empresas acumularan montos siderales en deudas, pero también es cierto que desde 1983 el Estado no hizo nada para que las empresas pagaran esas deudas. Los perjuicios los pagamos los trabajadores y los jubilados. Lucran con la salud y la vida de los trabajadores y sus familias, para hacer negocios con medicamentos y tratamientos adulterados. En este sentido, no debemos pensar en términos de estafas, sino de asesinatos. Los jueces deben investigar cuántas víctimas fatales existen: todas las muertes sucedidas como desenlace de la estafa y deben actuar en consecuencia. También deben investigar a todos los dirigentes en sus patrimonios familiares. Todo el peso del Código Penal debe usarse para sancionarlos, empezando por la expropiación de todos sus patrimonios. También se debe investigar a todos los funcionarios, estén o no directamente vinculados. Las “amistades” cruzan y entrecruzan el fenómeno delictivo. La corrupción no está focalizada en una sola institución del Estado: todas las instituciones están puestas en duda. La “prolijidad” que intentó el gobierno de los Kirchner fracasó totalmente. Hasta ellos están en tela de juicio por el exorbitante crecimiento patrimonial del 158%. La corrupción en el sistema capitalista tiene su base material en el robo de una porción del trabajo de cada uno de los proletarios. Su base ideológica es el sostén del interés del individuo por encima del interés de toda la sociedad.
Es una prioridad exigir el desmantelamiento de los aparatos represivos, la desmilitarización de todas las policías, el desmantelamiento de todos los grupos “especiales” y antimotines de la Gendarmería y las policías. Se están entrenando con la represión a los jóvenes… ya no les alcanza el gatillo fácil. Debemos exigir que se deslinden las responsabilidades políticas Es muy sugestivo que el Jefe de Gabinete tenga bajo su mando a la Policía Federal. Si es así, que no es casualidad, que responda por la represión a los jóvenes en el recital en Vélez Sarsfield, a los Ex Combatientes de Malvinas, a los estudiantes de la FUBA y todas sus prácticas en la ciudad de Buenos Aires. Lo dijimos, es un claro exponente del fascismo.
GLORIA A LOS HÉROES DE
MONTE CHINGOLO.
GLORIA A LOS CAÍDOS
EL 19 Y 20 DE DICIEMBRE DEL 2001.
Ya hemos hablado de la situación de California, el primer y más importante estado norteamericano, que enfrenta una situación de virtual quiebra. Ahora está siendo usado por el gobierno federal y por el actor de quinta, “su” gobernador, como banco de pruebas para experimentar los “ajustes”, que tanto conocemos por estos pagos, sobre su propia población. Como hemos visto en otro número, California, por sí sola, era la séptima economía del mundo.
En junio julio del 2009, de acuerdo con los dichos de David Rosemberg, ex jefe de economía sobre Estados Unidos de Merrill Lynch, “las cifras oficiales relacionadas con los desempleados se han duplicado durante la recesión hasta alcanzar los 14 millones, y si se toma en cuenta toda la flojera que existe en el mercado de mano de obra, las cifras no oficiales llegan a casi 30 millones, lo cual significa otro récord”.
Rusia está bajo presión: el rublo cayó con fuerza frente al dólar y el euro. Algunos analistas atribuyen estos fenómenos a la rapidez con que se están retirando los fondos estatales de apoyo y proponen esperar porque la economía está aún muy debilitada. Un círculo vicioso: si se retiran los fondos, se resienten las finanzas privadas; si no se retiran, se resienten las finanzas del Estado (finanzas públicas). De cualquier
manera, necesitan a los bomberos. El problema estriba en si los bomberos tendrán suficiente agua para tantos incendios. No creemos que dispongan de medios para cubrir tamaña catástrofe. Lo que sí está claro es que la burguesía imperialista norteamericana todavía tiene mecanismos para trasladar SU CRISIS hacia otros países. No es casualidad: disponen, aunque debilitado, del dólar como moneda de intercambio internacional. En otra de sus jugarretas, el capital financiero presiona sobre la demanda de dólares y lo revaloriza ficticiamente en detrimento de otras monedas. La rapacidad, lo hemos dicho, es una de sus características sobresalientes. Ayer presionaba sobre los cereales y las oleaginosas, sobre el petróleo y las materias primas, aunque se le está estrechando su campo de maniobras.

¿MENTES COLONIZADAS O ESTUPIDEZ CONGÉNITA?




En las elecciones municipales de Egipto, en medio de enormes protestas y conflictos sociales que incluyeron la proscripción del principal partido de la oposición al partido gobernante, en abril de 2008, el Partido Nacional Democrático ganó con el 92% de los votos emitidos. Podría verse como una victoria aplastante si no fuera que sólo concurrió a las urnas entre un 5% y un 10% de los 35,5 millones de personas habilitadas para votar… Abstencionismo: entre el 85 y el 90%...


PARA LAS EMPRESAS PRIVILEGIOS, PARA LOS TRABAJADORES PALOS |
El llamado “misterio de los Pomar” nos ha brindado una muestra más de nuestra patética realidad.
Hallados los cuerpos y el automóvil a la vera del camino, en el lugar más obvio para encontrarlos a las pocas horas del accidente, su demora de 24 días es la muestra más palmaria del siniestro accionar policial y de su descontrol.
Huelgan las palabras para describir la inutilidad de las fuerzas policiales para cumplir sus elementales tareas.
¡Qué huérfanos de musas inspiradoras han quedado quienes se atrevan a abordar el género literario de la novela policial!
Lejos del genial Sherlock Holmes, nuestros sabuesos han demostrado que sólo tienen olfato para la muzzarela y los delitos de la prostitución y el narcotráfico, claro que en estos casos como socios del crimen.
Las autoridades políticas muestran su inanidad de recursos para conducir a los delincuentes de uniforme.
Estas líneas no intentan teorizaciones sobre criminología ni recetas contra la inseguridad, porque sus autores no tienen el conocimiento para brindarlas.
Sin embargo, sumando todos los casos irresueltos de investigación, prevención y represión del delito, resulta evidente que los agentes del orden vernáculos, únicamente sirven para reprimir protestas estudiantiles, sociales o desórdenes en recitales, sin siquiera lograr los básicos fines de dispersión de la multitud, pese a que en sus fallidos intentos, siempre despuntan su vicio de golpear salvajemente a individuos desarmados.
A la lista de fracasos policiales debe agregarse la impunidad y el escándalo en el procedimiento, que incluye sospechar a las propias víctimas, citando por caso el del padre de la niña Sofía, detenido y sospechado al igual que ocurrió con Fernando Pomar durante estos 24 días.
Qué decir del destino del testigo Julio López. O de José Luis Cabezas. O de la Masacre de Ramallo. O el crimen de Kosteky y Santillán. Siempre la maldita policía involucrada directa o indirectamente. Imposible no sumar a la lista las vinculaciones en el caso AMIA en donde se sospecha del Comisario Palacios, devenido en la respuesta del Jefe de Gobierno Porteño para garantizar seguridad a sus vecinos.
Y entonces, frente al reclamo incesante de sectores de la población clamando ¡SE-GU-RI-DAD, SE-GU-RI-DAD! resulta una obviedad concluir que no puede esperarse un éxito en la materia, contando como sujetos activos de las medidas reclamadas a estos agentes impresentables.
¿Cuántas muestras más se precisan para saber que quienes deben garantizar la seguridad no saben absolutamente nada sobre el tema ni son idóneos y además están involucrados en los peores crímenes que deberían combatir?
No se trata de razones ideológicas de izquierda o derecha, como podría suponer un análisis sobre las causas del delito; o la necesidad (o vocación) de algunos sectores de reprimirlo a costa de cualquier medio. Se trata simplemente del análisis de la segunda opción, no respecto de su legitimidad ética, sino de su efectividad, aún prescindiendo de la exégesis moral.
Darle más poder de fuego o de operatividad a los elementos policiales es como darle un cuchillo a un simio, que sin dudas atacará a cualquiera, incluido su amo.
De quienes no encuentran a 4 cuerpos desperdigados en 40 Km, mal puede esperarse que encuentren a un asesino y mucho menos que lo aprehendan en movimiento.
Es inconsistente cualquier argumento que se dirija únicamente contra las autoridades civiles para fundar el descontrol de estas fuerzas, puesto que las condujeron desde menemistas fiesteros, hasta militares fascistas como el caso Rico, llegando a recontras derechosos como Macri, que se topa desde el inicio con el nada fino de Palacios y sus escandalosos espionajes sin poder controlarlo. Tampoco resultaron acertadas las políticas cuasi-progresistas como las intentadas por Arslanian, Juampi Cafiero, entre otros.
Es notorio que no depende de la conducción política ni judicial, porque no esperarán que un ministro reemplace al custodio de una sucursal bancaria mientras éste manda mensajes de texto en vez de estar atento a la circulación de personas. Como tampoco puede pedírsele a la fiscal que recorra, a pie o a caballo, los 40 Km. donde fueron encontrados los cuerpos de los desdichados Pomar.
Se podrá decir que las fuerzas deben ser purgadas, pero resulta a todas luces una tarea, por lo menos, sumamente extensa en tiempo que no evacuará las necesidades urgentes de los atemorizados clamantes de seguridad.
Por lo demás, la novel policía de la Ciudad de Buenos Aires, es el caso más patente de la imposibilidad de la purga, cuando la corrupción existe antes de que nazca la criatura.
Por lo tanto es notorio que, si existen soluciones, éstas no son sencillas ni pueden ejecutarse con la celeridad que espera parte de la población mediante reclamos amplificados por los tendenciosos medios de comunicación.
Estamos frente a un problema serio, que no parece de breve resolución.
Entonces, admitiendo que la apuesta es a largo plazo, se impone el deber de analizar si no es más conveniente (por supuesto que además de ético) suprimir las causas que producen el delito antes que atacar al hecho ya consumado, puesto que esta tarea, aunque lenta también, parece menos difícil que enderezar a las fuerzas policiales.
EL PROBLEMA NO ES LA POBREZA SINO LA RIQUEZA
Llegado al punto de buscar las causas del delito, cada uno mira para el lado que le parece y algunos para cualquier lado.
A nuestro criterio se equivocan quienes señalan la causa principal del delito en la droga, puesto que drogones hay en todas partes y sin embargo, no siempre en esos lugares existe el mismo tipo de delito que alarma a la clase media argentina. Aún en la clase media local, corre falopa a lo pavote, sin perjuicio de lo cual no todos los faloperos de medio pelo asesinan ancianas o catequistas, aunque muchos viciosos bursátiles o de otras disciplinas cometan delitos graves como vaciamientos de empresas, tráfico de medicamentos truchos, etc. Pero eso es “harina de otro costal”.
Tampoco aciertan quienes apuntan a la falencia educacional, mientras ellos mismos o su prole escriben con errores de ortografía o ignorando las efemérides básicas de nuestro calendario, aunque tengan aprobadas sus etapas educativas primarias y medias o inclusive terciarias.
Los brutos cometen un sinfín de equivocaciones, entre otras, adherir con facilidad a cualquier consigna facilista, arreados por sus miedos y por los medios de comunicación masivos. Sin embargo, tampoco salen a asesinar a mansalva, a tontas y a locas.
Finalmente, y a veces con buena voluntad, muchos señalan a la pobreza como causante del brote de violencia, amparados en la estadística ligera que muestra a los pibes chorros como estereotipados en personas humildes.
Y frente a esta estadística, más o menos veraz, están los que concluyen que hay que acabar con la pobreza y los que con cinismo sostienen que hay que acabar con los pobres (aunque no se diga directamente, estamos convencidos de la numerosidad de este último segmento de opinión).
Pero bien, sin querer polemizar con estas opiniones, advertimos que la pobreza no es, en sí misma, la causa de tanta violencia, aunque ésta la protagonicen a simple vista los pobres.
A mayor abundamiento, muchos de los crímenes recientes son cometidos por individuos de clase media baja y no por el último escalón social, de lo cual debe descartarse el delito famélico.
La pobreza se encuentra en relación dialéctica con la riqueza y es en este vínculo en donde debemos depositar la síntesis.
En Cuba, mal que le pese a la gusanada, no hay índices delictivos severos, como tampoco los hay en la Suecia Socialdemócrata ni en la Suiza ultra capitalista.
En uno habrá balseros y jineteras, pero no chorros. En otro hay suicidios, pero no homicidios a quemarropa por una moto o un celular.
Como rezaba el memorable tango de José María Aguilar, aquel guitarrista de Gardel que con aguda ironía advertía en la crisis del ’30 que “...el ladrón es hoy decente, a la fuerza se hizo gente, ya no encuentra a quién robar; y el honrao se ha vuelto chorro porque en su fiebre de ahorro, él se afana por guardar...”.
Más acá en la geografía y más allá en la historia, en las décadas de los ’40,’50, ’60 y ’70, superada la crisis del ’30 que abordó el poeta mencionado, (más allá de los crímenes políticos) no encontramos antecedentes que se parangonen con el problema actual, pese a que, como lamentablemente opinó Menem, pobres siempre existieron.
Y es cierto. Más o menos, pero pobres siempre existieron en las pampas.
Lo que no existía entonces era la exposición impúdica de la riqueza, sustentada no sólo por poderosos ricachones, sino por clasemedieros con un poco de viento a favor y mucho de negocio non sancto.
Basta con encender el televisor para tener como única realidad a vedetongas con autos descapotables, romances confesados al calor del dinero, conductores con muy poco glamour y mucho de estruendo. Ascensos sociales con poco mérito y con bastante desparpajo en cuanto a la fuente inmoral del mismo.
Si con sólo recorrer un barrio de clase media porteño, cualquiera se da cuenta que cualquiera tiene un auto cero kilómetro o una casa que sus padres o abuelos laboriosos no pudieron conseguir al cabo de una vida de trabajo.
Y frente a esta vidriera, la pobreza. La misma que antes, pero más extensa en su número y más ansiosa de tomar revancha por un destino que no pudieron evitar.
Repetimos. En las escuelas públicas, a las que concurrimos los firmantes de esta nota, también había chicos pobres llegados de villas de emergencias cercanas, pero todos jugábamos con las mismas bolitas junto al hijo del médico y el portero.
Además, las villas se concebían como lo decía su nombre: en una situación de emergencia y no en un destino inexorable…
Y el que tenía un poco más lo vivía con recato, aunque consciente de la diferencia, no abusando hasta el hartazgo de ella.
Por lo tanto y como llegamos al desenlace de estas líneas, pensamos que el problema del delito, si éste guarda relación con la pobreza, no se soluciona eliminando pobres, sino curando la pobreza y esta última no tiene remedio si no se ataca a la riqueza.
Son los ricos, no sólo en su apropiación, los que producen pobres, tanto por lo que le sacan al miserable, como en la impotencia que en éste provocan.
A nadie le gusta ver comer caviar a un semejante, mientras él sólo procura un mendrugo.
Nadie soporta con equilibrio ser maltratado en su intento de limpiar un parabrisas de un auto que jamás podrá adquirir y que la publicidad lo muestra como una condición indispensable para ser feliz.
No hace mucho, una publicidad de automóvil mostraba a un horrible narigón, acompañado de una cálida señorita, mientras le dejaba una propina a otra persona igualmente narigona que servilmente le habría las puerta del flamante rodado. En la ocasión, el primero se compadecía de la triste situación del segundo, confesando que el coche que adquirió le cambió su autoestima. Mensaje publicitario vomitivo por donde quiera mirarse.
Nada bueno puede esperarse de una sociedad así concebida.
Aunque eliminen pobres físicamente, otros tantos aparecerán si el sistema consiste en la producción de éstos.
Y si del resentimiento se trata, ningún futuro promisorio puede esperarse si quienes lo producen no echan mano a la humildad, en vez de pensar en tanta violencia represiva para paliar lo que ellos mismos generan por su propia naturaleza.
En síntesis, el problema no es la pobreza, sino la riqueza.
La solución no radica en atacar a los humildes, sino en bajarle el copete a los fanfarrones embriagados de bienestar económico. No ingresar a las villas para encontrar delincuentes, sino ingresar a la AFIP para descubrir ingresos de dinero ilícitos más importantes que las obtenidas en un arrebato callejero. No detenerse tanto en el episodio del robo de un automóvil, como en la comercialización de las autopartes, efectuada en lugares bien visibles y consumidos por consciente clientela que no le importa el origen sangriento de lo que pagan más barato. No horrorizarse tanto con el patotero, tan difícil de buscar en la multitud, sino con el jefe de la patota, tan fácil de descubrir en las jefaturas de sindicatos.
Éstas no son más que sugerencias no taxativas, pero ejemplificativas para pensar en los verdaderos culpables de tanta violencia y encontrar soluciones, no tan ligeras como las que suponen el grito vacío de SE-GU-RI-DAD, pero más duraderas y éticas como edificar una sociedad justa, libre y soberana. Consolidada esta sana realidad, la consecuencia será esa seguridad a la que todos anhelan pero que no todos merecen.

No sé cómo siguió esa tarde, no lo recuerdo, sólo tengo presentes los afectos. Después nos fuimos Ángel y yo en colectivo, no sé porqué no lo recuerdo, pero sí recuerdo que le pregunté qué le pasaba porque no lo veía como siempre. Me contestó que estaba muy preocupado, que le habían encomendado una tarea para la cual no se sentía preparado. No sé si pude consolarlo, sé que se bajó del colectivo y NUNCA MÁS lo volvimos a ver ni a saber de él.