A 93 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA
(1ra. parte)

Mucho han escrito y dicho sobre la revolución de octubre organizaciones, intelectuales y, generalmente, los críticos más feroces de esa maravillosa gesta de las masas rusas. En general, los “críticos” son aquéllos que están alejados de la actividad práctica. No le restamos importancia a la actividad teórica ya que, justamente, tenemos teoría debido a la práctica. Nos parece oportuno entregarles estas visiones realizadas por hombres que fueron protagonistas directos de la primera Revolución triunfante en el mundo.
Molotov en los primeros días de la revolución (1)
A fines de 1916 y comienzos de 1917, ninguno de los principales líderes bolcheviques, miembros del Comité Central, estaba en Petrogrado. Lenin estaba asilado en Suiza; Stalin y Sverdlov estaban exiliados en algún lugar de Siberia. De los líderes, sólo el Buró Ruso del CC que actuaba en representación del CC del partido, estaba en Petrogrado. El buró era de tres, una troika: Alexander Shliapnikov, P.A. Zalutsky y yo. En la tierra de los ciegos, el tuerto es rey. Ese era el Buró Ruso del CC. Pese a nuestra juventud, inexperiencia y nuestra condición de mandos medios del partido, estuvimos a cargo del trabajo del partido en la capital.
Cuando los sucesos del 26 de febrero empezaron a desarrollarse, Zalutsky y yo... fuimos a nuestro punto de reunión secreto en el lado de Vyborg para ver qué estaba pasando. Pero nuestro compañero, Shliapnikov, no estaba allí. Nos dijeron que probablemente estaba en la casa de Gorky. Fuimos hacia allá. Era tarde, probablemente la madrugada del 27 de febrero.
Había disparos en las calles, en todas direcciones. Zalutsky y yo paramos en la entrada de la casa de Gorky. El salió. Esa era la primera vez que lo veía.
-¿No está Shliapnikov con usted?, le pregunté.
- El Soviet de Diputados Obreros de Petrogrado está ya en sesión, contestó.
- ¿Dónde está reunido?
- En el Palacio Táurida. Probablemente, Shliapnikov está ahí ahora. Vino a verme y luego se fue.
Bueno, entonces nos fuimos al Palacio Táurida, llamamos a Kerensky... y nos presentamos: “Somos del CC de los bolcheviques y deseamos participar en la sesión”. El nos condujo al presídium y nos presentó al Soviet que recién se había formado. Los bolcheviques ahí éramos pocos.
...Nosotros propusimos el lema: “Ningún apoyo al Gobierno Provisional”. Ningún apoyo. Mi argumento era que ése era un gobierno burgués de capitalistas y terratenientes, y que estaba siguiendo una línea contrarrevolucionaria. Mi análisis era algo impreciso, aún así fue aprobado más tarde por Lenin.
Entonces, tomé asiento en la mesa de la presidencia...
... Tenía que hablar contra Kerensky...
... Fui participante directo en esos sucesos. Lenin no estaba ahí, entonces teníamos que arreglárnoslas por nosotros mismos. No había directivas de él, y no podía haber ninguna. Después de todo, no sólo para Lenin sino para todos nosotros en Píter, el día de la Revolución llegó inesperadamente. Es imposible prever todo.
(1) Extractos (editados) de "Molotov remembers" (Conversations with Félix Chuev), 1993
Las tres crisis (Lenin)
Escrito el 7 (20) de Julio de 1917 (2)
Mientras más violentas sean las calumnias y mentiras contra los bolcheviques en estos días, más calmados debemos -mientras refutamos las mentiras y calumnias- reflexionar sobre la interrelación histórica de los eventos y la política, esto es, el significado de clase del presente curso de la revolución.
Para refutar las mentiras y calumnias sólo tenemos que referirnos... a Listok Pravdy del 6 de julio y llamar la atención de los lectores especialmente sobre el artículo impreso ahí que proporciona evidencia documental de que el 2 de julio los bolcheviques hicieron campaña contra la manifestación (como lo admite el periódico de los socialista-revolucionarios). El artículo señala que el 3 de julio el estado de ánimo de las masas estalló en acción y la manifestación empezó contra nuestra prédica. Demuestra que el 4 de julio, en un volante (reimpreso por el periódico socialista-revolucionario Dyelo Naroda), llamamos a una manifestación pacífica y organizada y que en la noche del 4 de julio aprobamos cancelar la manifestación. ¡Calumniadores continúen calumniando! Ustedes no pueden refutar esos hechos y su decisivo significado en cada momento.
Volvamos a la cuestión de la histórica interrelación de los eventos. Cuando, a principios de abril nos opusimos a apoyar al Gobierno Provisional, fuimos atacados por eseristas y mencheviques. ¿Pero la realidad qué demostró? ¿Qué desmostraron las tres crisis políticas: 20 y 21 de abril, 10 y 18 de junio, 3 y 4 de Julio?
Ellas han demostrado, en primer lugar, que las masas están cada vez más descontentas con la política burguesa de la mayoría burguesa del Gobierno Provisional.
Es bastante interesante notar que el periódico de los eseristas Dyelo Naroda, a pesar de su marcada hostilidad hacia los bolcheviques, se ve obligado a admitir, en su número del 6 de Julio, las profundas causas económicas y políticas de la acción del 3-4 de julio. La estúpida, simplista e infame mentira de que esta acción fue creada artificalmente, y que los bolcheviques hicieron campaña a favor de la acción, será puesta en evidencia diariamente.
La causa común, el origen común, la profunda raíz común de las tres crisis políticas arriba mencionadas, es clara, especialmente si las vemos en su interrelación, como la ciencia exige que la política sea observada. Es absurdo siquiera pensar que esas tres semejantes crisis pudieron ser producidas artificialmente.
En segundo lugar, es instructivo captar lo que cada una de ellas tiene en común con las otras y cuáles son sus características específicas.
Lo que es común a las tres es el descontento masivo que fluye por todos lados, un resentimiento masivo con la burguesía y su gobierno. Cualquiera que olvide, ignore o subestime esta esencia del asunto, renuncia al ABC del socialismo en relación a la lucha de clases.
Que esos que se llaman a sí mismos socialistas, que saben algo sobre el carácter de la lucha de clases en la revoluciones europeas, piensen acerca de la lucha de clases en la revolución rusa.
Esas crisis son peculiares en las formas en que se manifestaron. La primera (20-21 de abril) fue agitada y espontánea y completamente desorganizada. Condujo a que las Centurias Negras dispararan a los manifestantes y a acusaciones sin precedentes, salvajes y falsas, contra los bolcheviques. Después del estallido llegó una crisis política.
En el segundo caso, la manifestación fue convocada por los bolcheviques y fue cancelada después de un severo ultimátum y una prohibición directa del Congreso de los Soviets; luego, el 18 de junio, se realizó una manifestación general en la que predominaron las consignas bolcheviques. Como los eseristas y mencheviques lo admitieron en la noche del 18 de junio, una crisis política ciertamente habría estallado de no haber sido por la ofensiva en el frente.
La tercera crisis estalló espontáneamente el 3 de julio a pesar de los esfuerzos bolcheviques del 2 de julio. Alcanzó su clímax el 4 de julio y motivó una furiosa reacción de la contrarrevolución el 5 y 6 de julio. La vacilación de los eseristas y mencheviques se expresó en Spiridinova y otros eseristas llamando a la transferencia del poder a los Soviets, y en los mencheviques internacionalistas voceando la misma idea, a la que antes se oponían.
(2) Rabotnitsa Nº 7 del 9 (22) de julio de 1917 (periódico bolchevique dirigido a la mujeres obreras)
