domingo, 6 de junio de 2010

OPINIÓN

Bicentenario

Doscientos años de soledad

Cual si sus responsables hubieran recuperado súbitamente la memoria histórica, los canales de televisión nos dan la “impactante” noticia de que Alfredo Martínez de Hoz, ex ministro de economía de la dictadura genocida, ha sido detenido en el marco de la investigación de dos causas que lo involucran en la violación a los derechos humanos del pasado. A la vez, por las pantallas, en esa especie de ensalada informativa “global”, nos pasan flashes de la resistencia del pueblo griego contra el plan de ajuste que su estado quiere aplicarles como salida a la crisis de su burguesía.

Con la sensación de estar frente a una película que ya hemos visto repetidamente durante treinta años, la resistencia de los griegos a las medidas del ajuste -como punta del iceberg que se viene contra todo el proletariado europeo- se mezclan con nuestra memoria colectiva empapada con la sangre de nuestros compañeros y la imagen de ese viejo decrépito y cobarde que se cobija en su casa bajo la justificación de su avanzada edad y su precario estado de salud.

El Combatiente Nº 40

Martínez de Hoz, con sus orejas malditamente célebres, aparece en las pantallas y una y otra vez y nos retrotrae a mediados de los ’70, cuando con desparpajo sostenía, allá por 1976, que “El salario real ha llegado a un nivel excesivamente alto con relación a la productividad de la economía”. Efectivamente, los salarios cayeron un 40% en cuatro años merced a la gestión del “adelantado” Martínez de Hoz. Desde entonces, nunca más recuperaron su poder adquisitivo que, con el correr de los años, las diferentes variantes de la burguesía en el gobierno, las permanentes recetas del Fondo Monetario Internacional y sus “monitoreos” y el constante endeudamiento externo, no dejaron de caer y caer para transformar nuestra vida en lo que es hoy, cuando vivimos a los saltos, “ajustados” y ajustando nuestra cotidianeidad para sobrevivir. Entonces, nos ponemos a pensar en lo que se les viene a los griegos, los españoles, los portugueses, los irlandeses y nos preguntamos cuántos Martínez de Hoz andan por el mundo, cuánta sangre proletaria regará las calles europeas, cuántos gobiernos burgueses intentarán “hacer justicia” TARDÍA con esos Martínez de Hoz que pululan en el mundo capitalista, explotador, expoliador, asesino y descarnado. Si cuando vemos por la tele a los trabajadores griegos protestando por las calles de Atenas la sensación que nos invade es la de una película conocida, tenemos razón: a esta película más que verla, ya la vivimos.

El Combatiente Nº 40

El “adelantado” Martínez de Hoz fue quien inauguró los pedidos de préstamos a los organismos internacionales: por esos tiempos el FMI “aportó” 400 millones de dólares al estado burgués argentino y hoy es el mismo organismo que mantiene su rol de prestamista global y “colabora” con Grecia con 5.500 millones de euros que sumirán a sus trabajadores en la misma miseria en la que hoy vivimos los argentinos. Es la misma película, en otro escenario, con otros actores, pero que se parecen mucho a nosotros…

El “adelantado” Martínez de Hoz fue quien endeudó las empresas del estado, preparando el terreno para su posterior privatización y pasaje de dividendos a manos privadas, tarea que concluyera prolijamente Carlos Saúl Menem. Si nos resulta parecido a lo que sucede hoy en muchos países de Europa, no estamos soñando: es la misma película proyectada con otro telón de fondo.
El “adelantado” Martínez de Hoz fue el creador de la “tablita” que establecía con anticipación una suerte de cronograma de la devaluación con fechas previstas. La famosa tablita permitió la especulación de lo que se llamaría la “patria financiera” y el negocio de la “plata dulce” que benefició a los bancos y perjudicó a los asalariados quienes marchábamos al compás de la inflación creciente, el congelamiento salarial y la especulación de la burguesía financiera. Si encontramos alguna similitud entre aquella especulación y las burbujas financieras cuyos estallidos tienen a mal traer al sistema capitalista actualmente, estamos en lo cierto: a esta película ya la vimos.

El “adelantado” Martínez de Hoz, con la “Ley de Entidades Financieras” Nº 21596, promulgada en junio de 1977, garantizaba con fondos del estado los depósitos de los bancos privados. Es decir, si un banco quebraba, el estado burgués argentino les restituía el dinero a sus inversores. ¿Encontramos alguna diferencia con el salvataje a los bancos que hizo en el año 2008 el estado norteamericano a Fannie Mae, Freddie Mac, American Internacional Group (AIG) con dinero de los ciudadanos estadounidenses…? ¿No? ¡Estamos en lo cierto! No la hay… A esta película también la vimos.

El “adelantado” Martínez de Hoz liberó las tasas de interés, por lo cual los bancos otorgaban préstamos con los intereses que se les ocurrieran sin la necesidad de previo acuerdo con sus clientes, lo cual los dejaba liberados a la suerte de las garras de sus prestamistas que, además, contaron con otra perlita de la época: la famosa Circular 1050 del Banco Central, aquella por la cual toda persona que hubiera pedido un préstamo hipotecario quedaba sujeta a la fluctuación de los intereses bancarios. Miles de argentinos perdieron sus casas como consecuencia de la aplicación de la 1050, porque compraron sus viviendas por un precio, pero los intereses habían aumentado tanto sus cuotas que se había tornado imposible pagar sus deudas. Los bancos ejecutaron sin piedad a los damnificados y se apropiaron de sus casas dejándolos en la calle... Desde septiembre de 2008 y como consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria, miles de ciudadanos norteamericanos y españoles quedaron a merced de los bancos y perdieron sus casas por las mismas razones que treinta y pico de años atrás miles de argentinos perdíamos las nuestras: las deudas se tornaron impagables… ¡Vaya película repetida!

El Combatiente Nº 40

El “adelantado” Martínez de Hoz, con sus medidas de liberar las tasas de interés favoreció que pulularan los bancos, las financieras, las mesas de dinero y la especulación, dándole el pie a la burguesía financiera para desplazar a la burguesía industrial y provocar el cierre de miles de fábricas, creando las condiciones para el advenimiento de la desocupación que aún nos arrastra hacia la miseria y la marginalidad. Sólo como un ejercicio de memoria recordamos el cierre de miles de plantas fabriles en Estados Unidos, Alemania, Francia, España e Italia en los últimos dos años, como consecuencia de la crisis financiera internacional donde la supremacía del capital financiero especulador creó las condiciones para el aumento de la desocupación en esos países. Otra película que nos tiene como actores full time y nos hace cada vez más hermanos de otros trabajadores desconocidos y lejanos que en otros idiomas protestan y resisten porque la vida se les va, como a nosotros, mientras el capitalismo manotea nuestras existencias como último recurso para salvar sus castañas del fuego.

El “adelantado” Martínez de Hoz creó las condiciones para que esa especulación se hiciera indetenible y terminara reventando a las propias entidades financieras participantes del circuito perverso: fue así como cayeron las cooperativas y bancos cooperativos como primeras “víctimas” de ese circuito inventado por este burgués infame. Y así, el 28 de marzo de 1980, fue liquidado el Banco de Intercambio Regional (BIR) -dejando inermes a más de 350.000 ahorristas- por orden del Banco Central que también dispuso la intervención de otros bancos: Los Andes, Oddone, Sidera, Unido de Inversión y Hurlingham, entre otros. Ahorristas y trabajadores, en la calle… Igualitos a los ahorristas y trabajadores de Lehman Brothers que el 14 de septiembre de 2008 dejó más de 25.900 empleados en el mundo sin trabajo y millones de desconocidos ahorristas con las manos vacías como consecuencia de su especulación. La película, tantas veces repetida, ya casi puede parecer aburrida, si no fuera que, en el medio, está la gente...

El Combatiente Nº 40

Entre tanto estruendo mediático sobre el bicentenario, justamente es necesario que conozcamos algo de la historia del “adelantado” José Alfredo Martínez de Hoz, un verdadero representante de la oligarquía de la bosta. Descendiente del primer José Martínez de Hoz, traficante de esclavos procedente de Castilla la Vieja, que en 1806 -cuando se perpetraron las Invasiones Inglesas- fue nombrado administrador de aduanas por los invasores y cuatro años después, en el Cabildo Abierto del 22 mayo de 1810, recuperó su lealtad a España, apoyó al virrey Cisneros y votó en contra de Moreno y Castelli…

El “adelantado” José Alfredo fue biznieto de José Toribio Martínez de Hoz quien fue fundador y primer presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA) en 1866, presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires y senador nacional, financista y directo beneficiario de la Campaña del Desierto de Julio A Roca quien le agradeció los favores prestados y los dinerillos otorgándole 2.500.000 hectáreas en la Patagonia. Uno de sus sobrinos nietos fue Federico Lorenzo Martínez de Hoz, otra joyita: entre 1928 y 1931 también presidente de la SRA, fue dirigente del Partido Conservador; integró la organización paramilitar Liga Patriótica Argentina que, entre otras acciones, interviniera en la ejecución de trabajadores en la “semana trágica”; elegido como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires en 1932, no terminó su mandato por haber sido llevado a juicio político por mal desempeño de sus funciones en 1935.

Otro nieto de José Toribio, homónimo y padre del “adelantado” José Alfredo (el ex ministro de economía de Videla) también fue presidente de la SRA entre 1946 y 1950 y Presidente de la Asociación de Criadores Argentinos de Shorthorn. Su hijo, “sucesor” de tan siniestra estirpe “bicentenaria”, antes de llegar al Ministerio de Economía de la mano del dictador Videla, fue presidente de varias empresas: Petrosur S.A., Acindar Industria Argentina de Aceros S.A., Centro Azucarero Regional del Norte Argentino y la financiera Rosafín S.A. También se desempeñó como director de otras varias empresas: Buenos Aires Compañía de Seguros, Edificadora S.A., Compañía Ítalo Argentina de Electricidad S.A. (CIADE). Presidente y miembro de los directorios de The Western Telegraph Co., Pan American Argentina, Constructora Columbus Argentina y Paraná S.A. de Seguros.

Los poderosos grupos económicos, los verdaderos organizadores del golpe militar de 1976, se congregaban en el Consejo Empresario Argentino del cual, y para variar, también era presidente el “adelantado” José Alfredo Martínez de Hoz… Ya el 16 de febrero de ese año el lock out patronal organizado por la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE) presagiaba el golpe. ¿Sus integrantes? La Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de Comercio, la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la SRA, CARBAP, la Cámara Argentina de la Construcción, la Cámara de Sociedades Anónimas y la Cámara de Grandes Tiendas. No faltaba nadie. Tampoco el “adelantado”.
Si hemos hecho esta brevísima síntesis del árbol genealógico del “adelantado” José Alfredo Martínez de Hoz es para sostener que no existen casualidades en el accionar de los grupos de poder en la Argentina: en la historia de nuestro país siempre estuvieron vinculados no sólo con el poder político del estado burgués a través de generaciones y generaciones, sino que, como integrantes de la clase dominante local, fueron y son los hacedores de todas las políticas económicas que siempre garantizaron y garantizan sus ganancias a costa de la sangre de los trabajadores: la campaña del desierto, la semana trágica y la desaparición de 30.000 compañeros tienen un mismo hilo conductor: para ellos, los botines, para nosotros, la muerte.

El Combatiente Nº 40

No hubo golpe militar en la Argentina que no tuviera como actores principales a los integrantes de las nefastas Sociedad Rural Argentina, Unión Industrial Argentina y todas las cámaras de comercio. A partir del golpe militar de 1976, el “adelantado” Martínez de Hoz integraría a tan funesta (para nosotros, obviamente) sociedad de intereses, al sector de la burguesía financiera.

Los intereses de esa burguesía rapaz siempre fueron defendidos a sangre y fuego. La última dictadura militar, una vez más y como siempre a lo largo de la historia argentina, tuvo como ejecutoras a las fuerzas armadas, brazo sangriento parido desde las propias entrañas de esa burguesía, para aniquilar toda resistencia popular a sus planes de expoliación. A esta altura de nuestra historia es imprescindible tener claro que el verdadero y más feroz enemigo nuestro nunca vistió uniforme, sino que de guante blanco y corbata, sentado en mullidos sillones aterciopelados en lujosas oficinas del microcentro bancario, se apoltronó para conspirar, pergeñar y urdir las estrategias favorables para la defensa de sus intereses materiales y, si para ello eran necesarios el exterminio de indios o la ejecución de trabajadores como en la semana trágica o el asesinato de 30.000 luchadores sociales JAMÁS tuvo dudas a la hora de optar por la muerte de sus enemigos de clase: NOSOTROS.

La defensa de los “derechos humanos” del gobierno hace eje no sólo en el pasado, sino que, en su mayoría, apunta hacia los uniformados que ejecutaron la tortura, la muerte y la desaparición de personas. Cual manto de olvido muy conveniente para la burguesía, hacen desfilar por los tribunales -¡SIEMPRE TARDE, SIEMPRE TARDE!- a los integrantes de las policías, el ejército, la armada, la gendarmería, etc. sin apuntar a los VERDADEROS ENEMIGOS de nuestro pueblo, los que detentan el VERDADERO PODER, los rapaces “adelantados” como José Alfredo Martínez de Hoz, Adalbert Krieguer Vassena, Juan Ernesto y Roberto Alemann, Cosme Beccar Varela y familia, Guillermo Walter Klein, Domingo Felipe Cavallo y cientos de otros tipos provenientes de familias “bicentenarias” explotadoras, rancias, despreciables, conspiradoras, insaciables y asesinas. Agazapados en bambalinas zafan de la justicia burguesa y continúan hasta el día de hoy con el mismo plan de enriquecimiento a nuestra costa. Y son “adelantados” porque hicieron lo que ahora otros burgueses de otras nacionalidades intentan hacer, treinta y pico de años después de la última dictadura argentina, en otros países a lo largo y ancho del mundo. Que las medidas que se intentan aplicar en Grecia y España sean como una película muchas veces vista por nosotros no debería asombrarnos: es el capitalismo sin careta, sin falsas e imposibles “humanidades”, desnudo en su crisis más profunda, el que ahora no puede disimularse más bajo rosadas social democracias como las europeas o liberales “democracias” como la de Estados Unidos.

Quizás debería asombrarnos que tantos “adelantados” en nuestra historia aún continúen moviendo los hilos de nuestra vida, viajando con nuestros presidentes, haciendo negocios internacionales con los funcionarios de nuestros gobiernos y que nunca sean juzgados por sus masacres. Tal vez debería asombrarnos que José Alfredo Martínez de Hoz sólo sea juzgado por el secuestro, tortura y extorsión de dos empresarios y que no sea juzgado por los miles de muertos del campo popular que fueron necesarios para que su plan económico se llevara a cabo. Debería sorprendernos que SÓLO Martínez de Hoz, en la decrepitud de su vida –TARDE, SIEMPRE TARDE- sea puesto preso en su casa (¡Vaya castigo blando para ese viejo maldito!) y todo el resto de conspiradores y sus descendientes, tan conspiradores como sus ancestros, aún hagan negocios a costa de nuestra sangre y sonrían para la foto con los funcionarios del estado burgués, incluida la actual presidenta. Debería sorprendernos que Hipólito Yrigoyen, Perón, Alfonsín, Menem, De la Rúa y los Kirchner hayan dejado pasar sus masacres.

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Fue en la conmemoración del primer centenario de la “patria” cuando Hipólito Yrigoyen no acusó recibo de la “manifestaciones patrióticas” de los niños “bien” de la alta sociedad que incendiaron locales anarquistas y de trabajadores y quemaron los periódicos obreros La Vanguardia, La Protesta, La Batalla y Acción Socialista al grito de “Abajo la anarquía”, “Mueran los gringos”, “Muera el anarquismo”, “Abajo la huelga”, “Mueran los obreros” y “Viva la patria”…

Fue durante el gobierno de Perón cuando bombardearon la Plaza de Mayo, un 16 de Junio de 1955, porque a esa oligarquía de la bosta le molestaban los cabecitas negras demasiado envalentonados para su gusto porque ponían en peligro sus intereses.

Fue durante el gobierno de Alfonsín que se dictaron las leyes de obediencia debida y punto final, perdonando a todos los asesinos ejecutores y a sus ideólogos y financistas materiales.

Fue un presidente constitucional, Carlos Saúl Menem, quien los indultó pretendiendo un manto de olvido para tanta muerte.

Es durante el gobierno de Cristina Kirchner que se juzga al “adelantado” Martínez de Hoz por el secuestro y extorsión de dos empresarios, pero se omite juzgar a todos los que participaron en la organización del golpe de Estado de 1976 como Jorge Aguado (UIA y CARBAP), Armando Braun (Cámara Argentina de Comercio), Osvaldo Cornide (CAME), Celedonio Pereda (SRA), César Polledo (Cámara Argentina de la Construcción), Roberto Meoli, Federico Peña (Cámara de Sociedades Anónimas) y Juan Sabaté (Cámara de Grandes Tiendas), parte de los tantos conspiradores de la burguesía que pergeñaron el golpe sangriento.

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En el “bicentenario” ¿qué tenemos para festejar nosotros, los trabajadores, los pobres y los únicos propietarios de la sangre derramada en nombre de ellos, los masacradores? ¿De qué nos sirve la justicia burguesa, SIEMPRE TARDÍA, con que pretenden lavarse la cara y las manos empapadas con la sangre de los originarios dueños de la tierra, los obreros de las fábricas, los campesinos del azúcar y el quebracho, los trabajadores de la Patagonia, los mineros del carbón y tantos otros? ¿Qué bombos y fanfarrias pueden hacernos olvidar nuestros orígenes de clase, nuestros verdaderos intereses, nuestra explotación, nuestros eternos sueldos de hambre o nuestra desocupación y marginación gestados por sus devastadores planes de ajuste, sus préstamos internacionales monitoreados por otros como ellos, sus privilegios históricos, sus leyes flexibles para sus bolsillos, sus jueces corruptos y sus funcionarios coimeros?

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El “adelantado” Alfredo Martínez de Hoz llegará decrépito y desmemoriado al “bicentenario”, preso en su lujoso departamento del no menos histórico Edificio Kavanagh, habiendo vivido todos estos años alegre y libremente, mientras nosotros contamos ausencias, velamos fantasmas, desenterramos huesos y aún luchamos por una vida digna, la misma por la que tantos de los nuestros fueron asesinados por él y sus secuaces de clase.

Y, en el medio de este presente, la paradoja de que este viejo senil y perverso esté preso cuando en el mundo, para otros trabajadores, se ponen de “moda” las mismas medidas de ajuste que él y sus socios aplicaron contra nosotros, los anónimos conejitos de indias con que el sistema infame probó sus recetas magistrales. ¡Qué asco!

Mientras el mundo sea capitalista, no hay nada para festejar y, mucho menos, el bicentenario del nacimiento de la clase que nos explota en nuestro país.

Cada trabajador, con cada “Viva la patria”, debería recordar que bajo esa misma consigna, hace doscientos años atrás, cien años atrás, treinta y cuatro años atrás, nos han muerto para hacer prevalecer sus privilegios.

A nosotros SÓLO nos queda un camino: a vencer o morir. Como siempre. Como hace más que un bicentenario...

El Combatiente Nº 40