domingo, 6 de junio de 2010

INTERNACIONAL

La crisis continúa su marcha hacia lo profundo y hacia su expansión, impertérrita, sin nada que la distraiga de su destino: la debacle del sistema capitalista de producción. Como una desdeñosa dama recorre el mundo, sorda y muda, ante las ampulosas declamaciones de los “grandes líderes” de la burguesía que decretan su fin a cada paso. Unos dicen “ya pasó lo peor”, otros, luego de sesudos análisis, llegan a la conclusión de que la recesión ha terminado y que vienen nuevos tiempos de bonanzas. Analistas, cual duchos prestidigitadores, ponen día y hora al fin de la Señora crisis. Pero ella, imperturbable, continúa, sin prisa ni pausa, su camino. La burguesía pendula entre el más oscuro y pesado pesimismo, hasta el más desconfiado optimismo, cada vez que un ínfimo índice de su decadente economía aparece con signo positivo. Signo positivo que sus plumíferos, analistas y apólogos mercenarios amplifican hasta el absurdo. Ayer nomás (4 de mayo de 2010), el “alma” se les vino al piso junto con los índices bursátiles. No ocurrió nada extraordinario, simplemente fue un reflejo de la relación producción-comercio-finanzas. Se produce, no se consume y, como todo tiene que seguir funcionando, los Estados se endeudan más y más pero luego no pueden pagar sus deudas. Por ahora es un lento proceso que indudablemente se acelerará cuando cualquier Estado declare la cesación de pagos o el “default”, como le gusta llamarlo a la burguesía. Sinónimo de insolvencia: se gasta más de lo que se produce. Es un aspecto -y sólo un aspecto- de cómo se manifiesta esa desdeñosa dama: la crisis.

El Combatiente Nº 40

¿Y las “regulaciones”…? Bien, gracias. No son nada más que globos de ensayo para distraer, calmar las ansiedades de sus socios menores, para engañar y tratar de “contener” a las masas proletarias haciéndoles pensar que son parte de los problemas -y también de las soluciones- y que no hay otra salida que seguir en el mismo “barco” hasta que pase la tormenta o hasta que llegue el naufragio.

Muchos intelectuales se meten en camisa de once varas y terminan mutando en apólogos del sistema. En otros números de El Combatiente hemos hablado de uno de ellos, don Emmanuel Wallerstein, personaje que hace galas de un progresismo con profundo tufo a impostura. Por ejemplo, nos intenta presentar la situación del actual sistema socioeconómico hegemónico como si se tratara de una pasajera enfermedad curable del capitalismo y no como lo que es: el resultado de la evolución de las leyes y contradicciones de un sistema que se presenta en esta etapa: el reinado del capital financiero que es parasitario, que prioriza la especulación por sobre la producción, que es expansivo y guerrerista por excelencia, que necesita destruir para “reconstruir” bajo su dominio. Por eso él y muchos intelectualoides se obstinan en llamarla “mundialización neoliberal”. El sistema, en la actualidad, no es una simple etapa indiferenciada de un “sistema-mundo moderno” que existiría desde hace 500 años como sostiene Wallerstein, sino que es la expresión actual, contemporánea, cualitativamente diferente del capitalismo. Por eso estamos convencidos de que Wallerstein miente concientemente cuando sostiene la idea de que Bush es un accidente militarista y el culpable de todos los males que aquejan al imperialismo, que ese capitalismo no beneficia a los George Soros, Warren Buffet, Bill Gates y otros a quienes atribuye intenciones de querer un capitalismo “humano”, sin guerras. No hay ni habrá un capitalismo “enfermo” de mundialización neoliberal y guerrerismo. y otro capitalismo “posible” o utópico, estable y eficiente que pueda funcionar con fluidez, libre de las crisis, del militarismo y de las guerras y con claras tendencias fascistas. Hoy, a más de un año de la asunción de Barack Obama, podemos comprobar esta aserción. Nada ha cambiado en esencia, sólo en algunas formas.

Lenin escribía en El imperialismo, fase superior del capitalismo: “El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países “avanzados”. Este “botín” se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos, Inglaterra, Japón) que, por el reparto de su botín, arrastran a su guerra a todo el mundo” (Prólogo a las ediciones francesa y alemana de julio de 1920, párrafo II).

El Combatiente Nº 40
Immanuel Wallerstein

Las ambigüedades, en muchas ocasiones, no son nada inocentes. La postura “Otro mundo es posible”, sostenida y amplificada por muchos plumíferos, analistas e intelectuales de dudosa procedencia entraña un gran engaño, porque para ellos significa que “otro capitalismo es posible” si se le “recortan” algunos “excesos del neoliberalismo” y se producen “algunas reformas” para conseguir “un mundo mejor”... También a esta tendencia respondió Lenin en el citado libro: “Las cuestiones esenciales en la crítica del imperialismo son la de saber si es posible modificar con reformas las bases del imperialismo, la de saber si hay que seguir adelante desarrollando la exacerbación y el ahondamiento de las contradicciones engendradas por él mismo o hay que retroceder, atenuando dichas contradicciones. Como las particularidades políticas del imperialismo son la reacción en toda la línea y la intensificación del yugo nacional como consecuencia del yugo de la oligarquía financiera y la supresión de la libre concurrencia a principio del siglo XX, en casi todos los países imperialistas aparece una oposición pequeño burguesa al imperialismo […] En los Estados Unidos, la guerra imperialista de 1898 contra España provocó una oposición de los “antiimperialistas”, los últimos mohicanos de la democracia burguesa, los cuales calificaban de “criminal” dicha guerra y consideraban como una violación de la Constitución la anexión de tierras ajenas […] Pero mientras toda esa crítica tenía miedo de reconocer el lazo indisoluble existente entre el imperialismo y los fundamentos del capitalismo, mientras temía unirse a las fuerzas engendradas por el gran capital y su desarrollo, no pasaba de ser una aspiración inofensiva” (Capítulo IX, La crítica del imperialismo). Como se ve, la actualidad del sistema capitalista no se corresponde con el accionar político de un “loquito” ni de un grupo de “loquitos” como nos quiere hacer creer Wallerstein y compañía, sino que se corresponde con el desarrollo de las contradicciones y leyes inherentes al sistema de producción y apropiación capitalista.

Continuando con lo que Lenin escribió, en 1916, en El imperialismo, fase superior del capitalismo: “Traducido al lenguaje común esto significa: el desarrollo del capital ha llegado a un punto tal que, aunque la producción de mercancías siga “reinando” como antes y siga siendo considerada como la base de toda la economía, en realidad se halla ya quebrantada, y las ganancias principales están destinadas a los “genios” de las combinaciones financieras”. Luego, citando a Don Carlos Marx, sigue: “Los bancos crean en escala social la forma, y nada más que la forma, de la contabilidad general y de la distribución general de los medios de producción”, texto escrito por Marx hace medio siglo en El Capital. “Los bancos crean en escala social la forma, y nada más que la forma, de la contabilidad general y de la distribución general de los medios de producción", escribía Marx, hace medio siglo, en "El Capital" (trad. rusa, t. III, parte II, pág. 144). Los datos que hemos reproducido referentes al incremento del capital bancario, al aumento del número de oficinas de cambio y sucursales de los bancos más importantes, de sus cuentas corrientes, etc., nos muestran concretamente esa "contabilidad general" de toda la clase de los capitalistas y aun no sólo de los capitalistas, pues los bancos recogen, aunque no sea más que temporalmente, toda clase de ingresos monetarios de los pequeños propietarios, de los funcionarios, de la reducida capa superior de los obreros, etc” (Capítulo I, La concentración de la producción y los monopolios; y II, Los bancos y su nuevo papel). Es más, en el Capítulo III -El Capital financiero y la oligarquía financiera- Lenin sostenía que: “El capital financiero, concentrado en pocas manos y que goza del monopolio efectivo, obtiene un beneficio enorme, que se acrece sin cesar de la constitución de sociedades, de la emisión de valores, de los empréstitos del Estado, etc.

Está clarito que el estadio al que ha arribado el desarrollo del sistema capitalista no se debe, por lo menos en lo esencial, a la virtuosa o maléfica intervención de ningún borrachín y drogadicto o de un personaje presentado por la burguesía imperialista como el afro-americano “salvador” de la cada vez menos súper potencia. No, son las leyes del desarrollo de un injusto e inhumano sistema basado en la explotación y en la apropiación privada de lo socialmente producido. No es el sueño de un trasnochado “Premio Nóbel”, sino la patética expresión de la decadencia del capitalismo.

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Veamos, la burguesía imperialista ha perdido la guerra en Irak, está perdiendo frente a los “desarrapados” talibanes. Tendrán que irse con la cola entre las patas de Kirguizistán, tendrán que abandonar -si ya no la abandonaron- su estrategia geopolítica de aislar a Rusia. Las contradicciones con su alfil en Medio Oriente se agudizarán hasta límites insostenibles y a medida que más tiempo pase se les hará más difícil agredir impunemente a Irán, Siria o el Líbano. Las mentiras y medias verdades van quedando al desnudo, la Señora crisis no perdona: viene acompañada con pánico. Grecia es sólo la punta del iceberg, hay que preguntarse por qué desaparecieron de los medios el tema de la cesación de pagos de Dubai o la irreverencia del pueblo de Islandia que decidió no pagar la deuda y sólo aparece en las noticias por la erupción de un volcán que ahora es el “culpable” de la casi segura quiebra de varias empresas de aviación por desparramar desvergonzadamente sus cenizas por los cielos de Europa…

El aniversario de la Victoria contra el nazismo para todo el “occidente” es el 8 de mayo, para los rusos es el 9 de mayo. Ningún medio del imperialismo recordó la fecha. Sólo los rusos la recordaron con bombos y platillos e hicieron la invitación a todos los “aliados” para que desfilaran junto con sus tropas, junto con su ejército. No era para menos: el pueblo ruso puso veinte millones de muertos en la Segunda Guerra. Fuera como fuera la dirigencia del Partido Comunista Soviético, hay algo que no se le puede negar: pelearon junto con el pueblo ruso contra las mejores fuerzas militares del régimen nazi-fascista. Los norteamericanos, mejor dicho, las burguesías imperialistas norteamericana e inglesa, esperaron a que los nazis derrotaran a los soviéticos. Cuando esa esperanza se esfumó, recién entonces decidieron abrir el frente occidental y no pelearon con las mejores tropas hitlerianas. En los hechos, eran y son aliados del fascismo. Esa guerra fue una expresión -cruda expresión- de la lucha de clases. No hay ninguna casualidad en que la conmemoración haya sido encabezada por Rusia. Es una manifestación de los tiempos que transcurren. Es deber de todos los proletarios del mundo conmemorar junto con el pueblo ruso el “Día de la Victoria” porque fue y es el triunfo de la Paz proletaria contra el guerrerismo de la burguesía.

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Medvedev, Ju Hintao, Angela Merkel y Putin
en los festejos del Día de la Victoria realizados en Moscú

Hoy, podemos ver que la burguesía imperialista está transitando el mismo camino que transitó la burguesía imperialista alemana. Ayer fue Bush la cara visible de esa fascitización, hoy es Obama. Y mañana será otro, no importa quién. La necesidad de la guerra existe, es una realidad que día a día va a ponerse de manifiesto en cada paso que dé la burguesía imperialista, tanto en la política internacional, como en su política doméstica. Ya se manifiesta en la Ley de Inmigración puesta en vigencia en el estado de Arizona. ¿Qué diferencia hay entre esa ley discriminatoria y la discriminación de los nazis hacia los judíos, gitanos y otras minorías? La burguesía en general está asustada y en cada burgués asustado anida un fascista en potencia. Reiteramos, frente a la crisis, la burguesía en cada país tiene una sola salida: aplicar planes de ajustes para intentar -y sólo intentar- bajar los déficits fiscales; ajustes que implican recortes en los gastos del Estado y que entrañan un mayor empobrecimiento de los pueblos.

Estados Unidos usa las instituciones de crédito internacional para trasladar los efectos de su crisis a todo el mundo. Estas instituciones más la posición de supremacía que ostenta por ser el dueño de la moneda de cambio internacional, el dólar, todavía le permiten estrujar a otros países y pueblos y esquivar, por ahora y sólo por ahora, las devastadoras consecuencias. Países como Islandia, Dubai, Grecia y los que están esperando la tormenta sin paraguas, España, Irlanda, Portugal, entre muchos otros, ya están en virtuales cesaciones de pago. El miedo de hoy, a no muy largo plazo, se transformará en pánico. Hasta hoy, las medidas “regulatorias” prometidas han quedado sólo en eso: promesas.

Europa ha decidido, nuevamente, formar un “fondo de rescate” para los países que peor están. ¿En qué consiste este fondo? En papeles que no valen ni siquiera la tinta en que están impresos. Papeles que generarán más deudas. En definitiva, todo se reduce a “patear para adelante”. Para solucionar este desaguisado, el capitalismo debe dejar de ser capitalismo porque necesita “barajar y dar de nuevo”.

Es evidente, cada día más, que la traba esencial en el desarrollo de las fuerzas productivas es la propiedad privada de los medios de producción y su consecuente anarquía. También se está evidenciando el espíritu nihilista de la burguesía. La guerra -como un imperativo- y la necesidad de DESTRUIR para “reconstruir”, ponen en la superficie ese carácter nihilista de la burguesía. Este espíritu lo vemos y escuchamos a diario en las declamaciones de los líderes de la burguesía imperialista. La humanidad ya los escuchó antes de 1914, de 1939, los escuchamos y vimos antes, durante y después de la guerra de Vietnam, del Congo, de Guatemala, Panamá, Granada, Cuba, Somalia, India, Pakistán, Chile, Argentina, Palestina, el Líbano, Egipto, la Unión Soviética, Francia, Bélgica, Holanda, Irak, Afganistán y tantos otros.

Rusia le ha contestado con un rotundo NO a las pretensiones de la SANTA ALIANZA BURGUESA de querer operar como POLICÍA, GENDARME MUNDIAL, en reemplazo del declinante poder de la burguesía imperialista norteamericana. “Las próximas negociaciones definirán si la OTAN y Rusia son adversarios, rivales, socios o aliados”, declaró Dimitri Rogozin, embajador ruso ante la OTAN. Tampoco las relaciones chino-estadounidenses transitan el mejor camino, desmintiendo lo que dicen los medios imperialistas.

Allí, donde reina el sistema capitalista de producción y distribución, existe siempre la necesidad de expansión y está latente la guerra de agresión con cualquier excusa. Guerras justas y guerras injustas. Toda guerra de un agresor es injusta y toda guerra de un agredido es absolutamente justa. De esta definición nace la necesidad de la burguesía de igualar la violencia y de condenar los métodos violentos “no ortodoxos” de los pueblos agredidos y los métodos de lucha que usó, usa y usará el proletariado en defensa de sus intereses inmediatos y sus intereses históricos. Por esto, sostenemos que las leyes antiterroristas vigentes en casi todos los países están apuntadas para bañar en sangre la inevitable lucha de los proletarios.

Como decimos más arriba, lo que sucede en Grecia es, nada más y nada menos, que la punta sobresaliente de un iceberg. El proletariado y el pueblo griego están demostrando que no serán engañados una vez más, pero no sólo los griegos, también los italianos, los franceses, los alemanes, los rusos. Estamos convencidos de que debemos cifrar todas nuestras esperanzas en el proletariado mundial. Estamos convencidos de que hay que continuar desnudando los planes y los engaños de la burguesía mundial. Debemos alentar y organizar las luchas del proletariado y el pueblo allí donde estemos. Debemos agudizarle las contradicciones a la burguesía hasta que se les tornen irresistibles. Debemos ejercer, lo más científicamente posible, la crítica a la burguesía imperialista y sus lacayos. Sostenemos que debemos crear conciencia para luego transformarla en organización.

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Hoy no tenemos el Partido Revolucionario Mundial, pero no debemos renunciar a trabajar afanosamente por poner en pie, sobre la base de la Tercera Internacional, cuando Lenin estaba con vida, un nuevo Partido de la Revolución a nivel mundial. Parece un sueño, pero es un sueño al que los proletarios no podemos ni debemos renunciar.