
ERNESTO “CHE” GUEVARA


Muy pocas veces el nombre y el accionar de un hombre han sido tan discutidos como el de Ernesto Guevara, como tampoco ningún hombre y su accionar han sido tomados como ejemplos por las juventudes de todo el mundo, por encima de idiomas, razas, idiosincrasias y tradiciones. Fue y es el ejemplo de la lucha de un hombre auténticamente revolucionario que intentó cambiar la manera de pensar y actuar del statu quo establecido: UN IRREVERENTE.
El Movimiento Comunista Internacional lo trató como a un advenedizo, extendió sobre él un manto de sospechas. No era para menos: su autoridad moral era y es incuestionable. La Revolución Cubana estremeció los cimientos del dogmatismo de los autodenominados Partidos Comunistas que ya habían abandonado gran parte del marxismo para adoptar la cómoda “revolución por etapas”, en aras de la “coexistencia pacífica”.
Lenin fue olvidado. La Revolución mundial fue reemplazada por la Solidaridad Internacional que siempre estuvo condicionada por los deseos e imposiciones de la dirigencia del Partido Comunista Soviético. Stalin era el culpable, pero los dirigentes que le sucedieron poco y nada hicieron para torcer el rumbo. La caída del sistema soviético, sin casi penas y sin ninguna gloria, fue la consecuencia lógica e inevitable. El proletariado y el pueblo soviético no sentían como propio un régimen que no resolvía sus problemas inmediatos y mucho menos sus problemas y necesidades a largo plazo. NO LO SENTIAN COMO PROPIO. Era un régimen extraño, por lo tanto, no lo defendieron.
La última revolución realizada por un Partido Comunista fue en Vietnam y la hizo defendiendo, con uñas y dientes, SU independencia de Moscú. La Revolución Cubana fue, en sí misma, la demostración de que la Revolución no se sujeta a ninguna receta dogmática. El “Che”, como emergente de ella, fue la figura relevante, su propagandista, su agitador, su furiosa “corriente de aire fresco, de radiante lozanía”. Vino a darle vida y movimiento a lo que la juventud del mundo veía como muerta: la posibilidad de un mundo mejor. Encausó los sueños de rebeldía de millones de mujeres y hombres jóvenes que se organizaron por fuera de los anquilosados Partidos Comunistas y fueron a “asaltar los cielos”.
Fuimos derrotados. Los anquilosados Partidos Comunistas que sembraron sospechas contra el “Che”, también sembraron dudas contra nosotros. Vilipendiaron al Che y lo siguen haciendo cuando toman su vida y su imagen para transformarla en mercancía y, tal como hace la Iglesia Católica, alejar al hombre “Che” del hombre común, transformando al Che en un mito y en algo inalcanzable. El miedo a la revolución se expresa en la supuesta “adoración” al “Che”.
“Ser como el Che”, implica seguir su ejemplo. El Che era un ejemplo de constancia, consecuencia, tozudez revolucionaria. Un hombre siempre dispuesto a aprender, irreverente ante todo lo establecido. Él no merece un solo día de homenaje, se merece el homenaje permanente, el de toda la vida. Por eso, el Partido Revolucionario de los Trabajadores que se reconoció y se reconoce GUEVARISTA, le rinde homenaje con su militancia constante y consecuente. Tenemos presente su consigna “El presente es lucha, el futuro es nuestro”.
El Movimiento Comunista Internacional lo trató como a un advenedizo, extendió sobre él un manto de sospechas. No era para menos: su autoridad moral era y es incuestionable. La Revolución Cubana estremeció los cimientos del dogmatismo de los autodenominados Partidos Comunistas que ya habían abandonado gran parte del marxismo para adoptar la cómoda “revolución por etapas”, en aras de la “coexistencia pacífica”.
Lenin fue olvidado. La Revolución mundial fue reemplazada por la Solidaridad Internacional que siempre estuvo condicionada por los deseos e imposiciones de la dirigencia del Partido Comunista Soviético. Stalin era el culpable, pero los dirigentes que le sucedieron poco y nada hicieron para torcer el rumbo. La caída del sistema soviético, sin casi penas y sin ninguna gloria, fue la consecuencia lógica e inevitable. El proletariado y el pueblo soviético no sentían como propio un régimen que no resolvía sus problemas inmediatos y mucho menos sus problemas y necesidades a largo plazo. NO LO SENTIAN COMO PROPIO. Era un régimen extraño, por lo tanto, no lo defendieron.
La última revolución realizada por un Partido Comunista fue en Vietnam y la hizo defendiendo, con uñas y dientes, SU independencia de Moscú. La Revolución Cubana fue, en sí misma, la demostración de que la Revolución no se sujeta a ninguna receta dogmática. El “Che”, como emergente de ella, fue la figura relevante, su propagandista, su agitador, su furiosa “corriente de aire fresco, de radiante lozanía”. Vino a darle vida y movimiento a lo que la juventud del mundo veía como muerta: la posibilidad de un mundo mejor. Encausó los sueños de rebeldía de millones de mujeres y hombres jóvenes que se organizaron por fuera de los anquilosados Partidos Comunistas y fueron a “asaltar los cielos”.
Fuimos derrotados. Los anquilosados Partidos Comunistas que sembraron sospechas contra el “Che”, también sembraron dudas contra nosotros. Vilipendiaron al Che y lo siguen haciendo cuando toman su vida y su imagen para transformarla en mercancía y, tal como hace la Iglesia Católica, alejar al hombre “Che” del hombre común, transformando al Che en un mito y en algo inalcanzable. El miedo a la revolución se expresa en la supuesta “adoración” al “Che”.
“Ser como el Che”, implica seguir su ejemplo. El Che era un ejemplo de constancia, consecuencia, tozudez revolucionaria. Un hombre siempre dispuesto a aprender, irreverente ante todo lo establecido. Él no merece un solo día de homenaje, se merece el homenaje permanente, el de toda la vida. Por eso, el Partido Revolucionario de los Trabajadores que se reconoció y se reconoce GUEVARISTA, le rinde homenaje con su militancia constante y consecuente. Tenemos presente su consigna “El presente es lucha, el futuro es nuestro”.
“Che” Guevara ¡Hasta la Victoria Siempre!
