domingo, 31 de mayo de 2009

OPINIÓN REGIONAL

Opinion Regional
Bolivia: situación respecto de la autodenominada Revolución Socialista (II)


En honor a quien, en forma testimonial, aportara parte de las consideraciones que aquí se vuelcan, respetaremos su lenguaje identificatorio del Gobierno de Bolivia: “ducho para ofrecer pero debilucho para cumplir” y la constante autocalificación por parte del Ejecutivo como un gobierno socialista, en nada ha cambiado el contenido de clase del verdadero estado boliviano que, sin menguas, debe decirse sigue perteneciendo a la clase dominante económicamente. Y dentro de ese doble discurso no solo se han realizado propuestas o consignas que después se tornaron incumplibles, sino que también se ha actuado por fuera del discurso, en el plano internacional.
Mientras frente a Fidel, Ortega y Chávez, Evo condena conductas imperialistas tanto de Estados Unidos como de la conquista española, cuando se encuentra de gira en el viejo continente, o en EEUU u otros países periféricos, defiende la propiedad privada, las inversiones extranjeras y la seguridad jurídica de las multinacionales. Pero a ello deben agregarse los estrechos contactos, por ejemplo, con Clinton y Carter como supuestos interlocutores frente al imperio en defensa de ciertos intereses de Bolivia. Ambos ex presidentes del imperio han subyugado al Presidente de Bolivia con la gestión de recursos para proyectos sociales o desarrollo de las ONGs existentes en el país del altiplano.
Esto merece una reflexión recordatoria: cuántas veces se ha oído a Evo nombrar al Comandante Che Guevara como ejemplo de lucha o liberación; pero parece no recordar las simples pero profundas expresiones del Che, que en el imperialismo “…no se debe confiar ni un tantito así…”.

Otra de las perlitas contradictorias es que Morales recibió y recibe el apoyo de la Comisión Andina de Juristas, a la sazón sucursal de la Human Rights Watch, financiada por el padre de las ONGs, George Soros. También en el viejo continente el presidente indígena tiene sus admiradores (que seguramente no lo hacen en forma gratuita). En ese catálogo están Giorgio Napolitano y Mijail Gorbachov. El primero de clara tendencia derechista, admirador de la política de Bush, en el ejercicio de su cargo de Primer Ministro de Italia y el segundo como mentor y ejecutor de la desmembración de la Unión Soviética y, según se dice, siguiendo los lineamientos marcados por la CIA. Otros personajes de la socialdemocracia europea también forman parte del catálogo de “amigos del Evo”. Tal es el caso del vocero del parlamento sueco Bjorn Von Sydow que intervino como interlocutor válido ante numerosas ONGs europeas para la ayuda a Bolivia en diversos programas de capacitación, en especial, en el adiestramiento de los representantes del MAS en la Asamblea Constituyente.

De regreso a suelo latinoamericano es oportuno destacar el accionar contradictorio de lo que se dice con lo que se hace: tanto en el duro enfrentamiento entre Correa y Uribe, como en el entredicho de Chávez con el monarca español, Morales se mantuvo en el más absoluto silencio, expresando entre bambalinas su necesidad de mantener amistad con todos los involucrados en los sucesos ya indicados y, últimamente, se ha manifestado identificado con Obama a quien llamó “hermano afroamericano”. Y por otro lado la doble retórica se manifiesta internamente, con el casi olvido de los ejes principales de la lucha popular inicial, esto es, la reforma agraria, la nacionalización de los hidrocarburos y la máxima expresión de las ideas pacifistas del MAS, la asamblea constituyente. Cada una de estas propuestas merecen un análisis en particular, para que quede medianamente en claro su incumplimiento liso y llano, o sus desviadas concreciones.

SITUACIÓN EN LATINOAMÉRICA EN GENERAL Y BOLIVIA EN PARTICULAR

Previo al desarrollo de los objetivos incumplidos, es oportuno analizar y sobre todo tener en claro la endeblez de las consignas que sirvieron (y sirven) de estandartes para líderes (sobre todo los que se autodenominan de izquierda) latinoamericanos que buscan su acceso a los Gobiernos de sus respetivos maltrechos países.

En estos últimos tiempos las proclamas de establecer órganos de poder popular desde las bases, como solución frente a la inoperancia de las clases dominantes en el poder, no se corresponde con las verdaderas intenciones políticas de sus postulantes. Es que, como parte del verdadero accionar político de estos dirigentes, se proponen democratizaciones de los Estados, cambios de estructuras de los sistemas de poder o la concurrencia popular para la instalación de un “nuevo gobierno”, o una salida revolucionaria con un gobierno provisional de los trabajadores, salido de una asamblea constituyente. Pero nada de ello se plantea en su esencia ni por casualidad en la lucha social con miras a la efectiva toma del poder.

Así, se han creado las fantasías del Gobierno de Salvación Nacional del Ecuador en año 2000, con la concurrencia del pueblo y patrióticos militares que, lejos de solucionar el problema de un pueblo hambriento, no ha hecho más que reflotar el estado opresor. Del mismo modo, el “que se vayan todos” en la Argentina del 2001, hizo que los proponentes de tal desalojo se reciclaran, quedándose todos al final enquistados con distintos cargos o “puestos electorales” siguen encaramados en el Estado. Algo similar sucedió con la aparición de Lula en Brasil, que llevó a pensar que con un dirigente sindical en el Gobierno, se podía comenzar a andar un camino de lucha antiimperialista y, porqué no, llegar a un Gobierno Socialista.

Sin embargo, las condiciones de pobreza y marginación del pueblo brasilero no han variado mucho desde el advenimiento de Da Silva, y el discurso antiimperialista de la campaña presidencial en nada ha cambiado las acciones de un Gobierno que sigue empeñado en el pago de la deuda externa, a pesar de las medidas económicas que dice tomar en contra de las medidas neoliberales, que tanta atención y admiración de los medios de comunicación de la burguesía de argentina provocan. Por otro lado, las grandes transnacionales siguen saqueando las riquezas del Brasil (sino hay que ver el desplome de la Amazonia ante las maquinarias destructivas de los grandes capitales), ante la impavidez del Gobierno. Y como broche de oro de esto, los pobres siguen sufriendo la opresión y represión de un aparato de neto corte fascitoide, conformado por Fuerzas Parapoliciales y Paramilitares, solo en su calificación, ya que es bien sabida la pertenencia de sus agentes, a fuerzas regulares del Estado, y que ha dejado ya miles de muertos entre los luchadores sociales, con verdadero tinte revolucionario.

Es que resulta impensable, para quien analiza con seriedad y objetividad marxista, que la gran burguesía y los terratenientes, hijos dilectos del imperialismo, vayan a ceder en forma pacífica y voluntariamente el poder político y económico a las masas populares. Ninguna clase opresora con el control del Estado, a través de cualquiera de los medios habitualmente utilizados, ha de ceder sin una derrota completa del sistema opresor que el mismo contiene, tal como lo caracteriza Lenin al enseñar que el Estado es una máquina para mantener el dominio de una clase sobre otra.

Cabe aquí, más que una reflexión, la necesidad de remarcar la constante presencia en todo esto de las manos del impero norteamericano que, con los ojos de águila siempre voraz, ha mantenido su aparato adaptado a las diversas formas, conforme se han ido dando los acontecimientos, en donde quiera que vislumbrara uno de los denominados “gobiernos populares” de Latinoamérica que, paradójicamente, se han autodenominado antiimperialistas, democráticos y antineoliberales, generando el caos, con aprietes económicos, sociales que provoquen enfrentamientos internos, hasta lograr la pulverización del sector social compuesto por los más oprimidos.

A este cuento de hadas de oposición al neoliberalismo de los ya mencionados dirigentes políticos latinoamericanos, no ha estado ajeno el Gobierno de Evo Morales.
Y entonces, perfumado Morales con los aromas del discurso conciliador, se ha encargado de ir puliendo los ejes de la revuelta inicial, para terminar por desvirtuar los reclamos de mayor envergadura con que se inició el proceso que luego lo llevara al Poder: Nacionalización de Hidrocarburos, Reforma Agraria y Constituyente. Dentro de ese contexto, ha quedado acorralado en procesos electoralistas. Primero, la convocatoria a la Constituyente para una nueva carta magna; luego, ante la reacción de la derecha contra esta nueva Constitución, otra convocatoria a un referéndum revocatorio, del que salió airoso, no victorioso, ya que hubieron concesiones; y ahora un nuevo referéndum constitucional para ver si se corroboran las reformas constitucionales con origen en los rebeldes del oriente boliviano. Estos actos de participación de la ciudadanía mediante la concurrencia a las urnas, en períodos más o menos seguidos, no hace más que desgastar al pueblo que comienza a perder de vista los reales principios de sus reclamos y lo que espera de su gobierno.

Primero veamos qué pasó con el tema hidrocarburos. Una, de la que los bolivianos llamaron “obras estrellas” del Gobierno de Evo Morales, fue la “nacionalización de los hidrocarburos” que se produjo el 1º de Mayo de 2006 mediante decreto, para lo cual se dispuso un plazo de 60 días para la refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia. Pero esta consigna de cambio se vió afectada por los actos de corrupción denunciados, de los cuales habría sido acusado el funcionario Jorge Alvarado, quien a su vez fue defendido hasta el último momento por el Gobierno Central. A partir de allí vino la resistencia de PETROBRAS y el gobierno brasilero, ante lo cual se rindió sin oponer resistencia el Vicepresidente García Linera, lo que motivó la renuncia del Primer Ministro de Hidrocarburos Soliz Rada, lo cual paralizó la aplicación del decreto nacionalizador mientras, por detrás, el mismo García Linera, a sabiendas de su agachada, impulsaba al sector aborigen campesino conocido como los “ponchos rojos” a defender la nacionalización de los hidrocarburos “con las vidas y las armas”.

Todo ello no era nada más que una maniobra de distracción para ocultar la realidad de los hechos lo que, como se ha dicho, ha sido el paso atrás en la aplicación del decreto nacionalizador. Pero otro efecto distractor se armó con la aparición en escena del dirigente Cívico Domingo Moreno, antiguo socio de los autonomistas, acusando ahora a sus ex socios, de otros trasfondos de la lucha autonómica. Pero en realidad lo que se quería tapar era el colapso de YPFB, que seguía envuelto en corrupción administrativa, contrabando de combustible y escasez de otros energéticos de necesidad para el pueblo boliviano. Todas estas anormalidades no eximen al gobierno central de responsabilidad ya que desde su seno partieron las estrategias de ocultamiento de una realidad que no se escapó fácilmente del análisis de los bolivianos.

Otro de los postulados de lucha a tener en cuenta ha sido el tema de la Reforma Agraria. En este punto y al solo efecto introductorio, ha de señalarse que a partir del año 1952 con el advenimiento del Movimiento Nacionalista Revolucionario (M.N.R.) al Gobierno, se comienza una reforma agraria, que no era la que justamente había programado el Gobierno. Sino que nace por el desborde del pueblo insurrecto, que fueron mucho mas allá de las propuestas del M.N.R.. Es así que los mineros con su lucha ejemplar expulsan a los barones del estaño, e impulsan su nacionalización, que desemboca con la creación de la COMIBOL. Por su parte, las masas campesinas e indígenas después de años de exclusión, pobreza y mal trato, imponían una reforma agraria que fue considerada una de las más drásticas de América Latina. Y así los indígenas de Cochabamba y el Altiplano tomaron justicia por mano propia, ocuparon haciendas y tierras, poniendo fin así a los regímenes de hacienda (cacicazgo) y el pongueo (trabajo gratuito de los indígenas en las haciendas).

Se retornaba así al régimen de comunidades o ayllus, autogobernándose sin ningún tipo de acompañamiento e inversión estatal de relevancia. Al no proveerse a las comunidades de los medios necesarios para una producción moderna y competitiva, se fue produciendo un debilitamiento y empobrecimiento de una mínima economía de subsistencia asentada en el minifundio, para concluir en la pobreza y exclusión de su gente. Junto con ello, comenzaba de nuevo el avance de las mineras, multinacionales, terratenientes, etc.. Podría decirse que estuvimos en presencia de una reforma agraria inconclusa.

La otra cara de la moneda, estaba dada por la real intención del MNR, cual era desarrollar una política agraria con la creación de una burguesía agroindustrial, en las tierras bajas de Bolivia para abastecer un mercado interno primero, luego exportar y así diversificar la economía del enclave minero. Esta ayuda a la empresa privada estaba financiada por supuesto por una de las tantas redes “benévolas” de los EEUU, remontándose entonces a esos años el maridaje entre la oligarquía cruceña y el imperialismo, con el desarrollo incontrolable del latifundio de las agroexportadoras del Oriente Boliviano.

Por Maiwa Quispe

(En el próximo número publicaremos la última entrega )