autodenominada Revoluión Socialista (I).
Bolivia, país del Altiplano sudamericano, cuna de diversas civilizaciones precolombinas, ha sido uno de los territorios que desde su colonización ha sufrido innumerables cambios sociales, con diversos orígenes: políticos, étnicos, raciales, etc., que han hecho del país mediterráneo, un escenario en constante efervescencia.
Desde la caída del Che en 1968 en territorio boliviano, han sido muy diversos los partidos políticos que en el marco de los alternados períodos democráticos, ha intentado asumir la conducción de lo que ellos mismos denominaban “procesos revolucionarios”, que en realidad ninguno ha tenido las características que los pudieran identificar como tales. Pero esta falta de caracterización no significa que no haya habido un movimiento de masas mas que interesante, que se presentaban como aptos para el gran cambio que los sectores proletarios de Bolivia estaban esperando. Pero todo siempre se insinuó y luego se desvaneció por la ausencia de un partido conductor que canalizara las aspiraciones de cambio, y poder así concretarlos.
Ya mas cerca en nuestros días, luego de la hecatombe institucional producida por el derrocamiento de Sánchez de Losada por la acción directa (con más fuerza que organización) de los movimientos sociales campesinos, obreros, mineros, y en general por una amplia pequeña burguesía, que en los diferentes gobiernos y, en especial, en el último, había quedado al margen de los negociados de los gobiernos burgueses con la oligarquía y seudoligarquía oriental, se aceleraron los tiempos que se pedían cambios radicales.
Es que en esas circunstancias, las masas en estado puro cercano a una rebelión, eran las mayorías, y desde sus barricadas, sus líderes, dejaban caer discursos destinados a pintar una situación prerrevolucionaria que en su esencia pretendía la caída del poder económico hegemónico de lo que después se dio en llamar “la media luna” (, es decir los Departamentos (equivalentes a las provincias argentinas) actuales opositores al Gobierno Central conducido por Evo Morales. Y en ese contexto primero acorralaron a Mesa (sucesor y hombre del riñón de Sánchez de Losada) para tratar de arrancarles las reivindicaciones que habían sido las consignas enarboladas en los proceso de lucha previa a la caída de aquel, especialmente la nacionalización de los hidrocarburos, una reforma agraria y asamblea constituyente.
En este plano es de destacar la fuerte participación (como a lo largo de toda la historia de lucha obrera) de la Central Obrera Boliviana (C.O.B.), que junto a movimientos campesinos de base y el MAS, con su sólido acompañamiento indigenista, en principio intentaron trazar una línea de acción a Mesa. Pero la concesión hacia éste, de plazos, primero de noventa días, y luego de un año, para el cumplimiento de los reclamos obreros, fue el comienzo de la demostración que el MAS, y su líder Evo Morales (que ya había “agarrado” de algún modo la conducción general de los planteos populares) carecían de una real y efectiva estrategia revolucionaria, con perspectiva de una verdadera revolución socialista, que por el cariz de los acontecimientos previos hacía suponer a los trabajadores que ya la estaban tocando con las manos.
Bolivia, país del Altiplano sudamericano, cuna de diversas civilizaciones precolombinas, ha sido uno de los territorios que desde su colonización ha sufrido innumerables cambios sociales, con diversos orígenes: políticos, étnicos, raciales, etc., que han hecho del país mediterráneo, un escenario en constante efervescencia.
Desde la caída del Che en 1968 en territorio boliviano, han sido muy diversos los partidos políticos que en el marco de los alternados períodos democráticos, ha intentado asumir la conducción de lo que ellos mismos denominaban “procesos revolucionarios”, que en realidad ninguno ha tenido las características que los pudieran identificar como tales. Pero esta falta de caracterización no significa que no haya habido un movimiento de masas mas que interesante, que se presentaban como aptos para el gran cambio que los sectores proletarios de Bolivia estaban esperando. Pero todo siempre se insinuó y luego se desvaneció por la ausencia de un partido conductor que canalizara las aspiraciones de cambio, y poder así concretarlos.
Ya mas cerca en nuestros días, luego de la hecatombe institucional producida por el derrocamiento de Sánchez de Losada por la acción directa (con más fuerza que organización) de los movimientos sociales campesinos, obreros, mineros, y en general por una amplia pequeña burguesía, que en los diferentes gobiernos y, en especial, en el último, había quedado al margen de los negociados de los gobiernos burgueses con la oligarquía y seudoligarquía oriental, se aceleraron los tiempos que se pedían cambios radicales.
Es que en esas circunstancias, las masas en estado puro cercano a una rebelión, eran las mayorías, y desde sus barricadas, sus líderes, dejaban caer discursos destinados a pintar una situación prerrevolucionaria que en su esencia pretendía la caída del poder económico hegemónico de lo que después se dio en llamar “la media luna” (, es decir los Departamentos (equivalentes a las provincias argentinas) actuales opositores al Gobierno Central conducido por Evo Morales. Y en ese contexto primero acorralaron a Mesa (sucesor y hombre del riñón de Sánchez de Losada) para tratar de arrancarles las reivindicaciones que habían sido las consignas enarboladas en los proceso de lucha previa a la caída de aquel, especialmente la nacionalización de los hidrocarburos, una reforma agraria y asamblea constituyente.
En este plano es de destacar la fuerte participación (como a lo largo de toda la historia de lucha obrera) de la Central Obrera Boliviana (C.O.B.), que junto a movimientos campesinos de base y el MAS, con su sólido acompañamiento indigenista, en principio intentaron trazar una línea de acción a Mesa. Pero la concesión hacia éste, de plazos, primero de noventa días, y luego de un año, para el cumplimiento de los reclamos obreros, fue el comienzo de la demostración que el MAS, y su líder Evo Morales (que ya había “agarrado” de algún modo la conducción general de los planteos populares) carecían de una real y efectiva estrategia revolucionaria, con perspectiva de una verdadera revolución socialista, que por el cariz de los acontecimientos previos hacía suponer a los trabajadores que ya la estaban tocando con las manos.

Como era de esperar Mesa jamás cumplió con las promesas a los reclamos del, por así llamarlo, Frente, conformado por la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, Izquierda Unida y el MAS. Ello provocó una serie de manifestaciones y cortes de rutas principales en todo el país, pero que se realizaron en forma desordenada, sin un hilo conductor que derivo en un reposicionamiento y respiro de la clase dominante, que a su vez recupera el poder de convocatoria de la pequeña burguesía que antes había dejado de lado, y que como siempre, no tiene el menor empacho en volcarse hacia sus verdaderos orígenes de un día para el otro. Y por supuesto la excusa de siempre: las molestias de los cortes de ruta, la convulsiones sociales, huelgas, movilizaciones, etc., reclamando orden y mano dura.
Por otro lado, en una gran franja de trabajadores y campesinos comienza el escepticismo al ver que las luchas no conducían a nada, sin salida visible, y con una crisis que seguía golpeando, y por tanto debilitando a la lucha popular. A esto debe agregarse que si bien Morales se convertía cada vez más en el líder de los reclamos, también, en forma inversamente proporcional, descuidaba la línea combativa que se había desarrollado en sectores de trabajadores, en especial de la COB, que no confiaban en Mesa y exigían medidas mas radicales. En ese marco es que el MAS lleva a un estado de confusión y desorientación a un gran sector de cuadros de probada honestidad de su seno, para hacer primar una tendencia claramente reformista, a pesar del discurso que por izquierda quería mostrar otro semblante.
Sin embargo, no tuvo otro remedio que dar respuesta a una presión de base y tomar las riendas de la oposición seria y contundente contra Mesa, que lo conduce a la renuncia ya programada, organizada en su retirada inclusive por los EEUU, que vale la pena resaltar en ningún momento han dejado de rociar su veneno imperialista, para contrarrestar el malestar social de la clase obrera y campesina de Bolivia, azuzando a la oligarquía oriental en el reclamo de una autonomía cuyo único fin es la polarización de la sociedad boliviana.
En estas idas y vueltas, y luego de que Mesa, renuncia y las bases piden las renuncias anticipadas de los presidentes de las cámaras parlamentarias, para asumir el presidente de la Corte de Justicia, se llega al proceso eleccionario que desemboca con la asunción de Evo Morales a la Presidencia de Bolivia.
DOBLE ASUNCION
Resultaría una necedad negar cierta satisfacción que producía ver que se hacía cargo de una país latinoamericano, un descendiente de un pueblo originario de estos lugares, en donde siempre han brillado estrellas nacidas de la pequeña burguesía latinoamericana, estudiantes de las Universidades de los EEUU, y que retornan habitualmente a sus lugares de residencia (porque no pueden llamárselos de origen) y en base al poderío económico heredado la mayoría de las veces, toman las riendas de los destino de un país, consecuentes con sus aprendizajes en el imperio, y continuando con la entrega del país que les toca conducir.
Titulábamos doble asunción esta parte, en razón de que los actos en los que Evo Morales toma la conducción de su país, fueron desdoblados en dos actos, cual obra teatral. Y si recordamos, no hubo canal de Televisión del mundo que no transmitiera en forma preferencial la imposición del mando de Evo Morales,
primero por los “amautas” o enviados ancestrales que tienen la autoridad de investir a quien consideren como líder del pueblo indígena. No se escapaba de la imagen la majestuosidad de las Ruinas de Tihahuanaco, de las que no podemos negar su belleza y contexto cultural. De esta escenificación no puede menos que obtenerse como resultado el enorme contenido cultural, y respeto a la autoridad indígena, casi en el extremo de pensarla por arriba de la autoridad emergente del contexto constitucional.Luego de ello vino la asunción “civil” por así decirlo en donde Evo hizo gala de sus simpatías por los presidentes latinoamericanos que lo acompañaban, y ante los que solo dejaba un discurso de poca consistencia.
El hecho de hacer mención a las dos asunciones no tiene un contenido meramente anecdótico, o histórico, como para hacer mas extensa esta caracterización de la situación boliviana.
Tiene directa relación con las actitudes tranquilizantes, que invaden el gobierno de Morales, frente a un real cuadro de situación internacional, en donde el inmenso buque del imperialismo comienza a hacer agua. A partir de la unción por los amautas (especie de sacerdotes de origen inca), pareció que Morales, en cada paso iba a requerir la bendición de los ancestros, como para justificar que no podía apartarse de dicha línea originaria, en cualquiera de sus futuras decisiones. De allí aparece ese tono casi imperceptible, pero en su esencia conciliador, con los enemigos de la clase trabajadora. Pero esto a la par de no tener los efectos deseados, aún cuando el pueblo boliviano es netamente costumbrista, ha servido para que un gran sector, que podría llamarse el más conservador en el abanico indigenista, creyera que solo los designios o decisiones dentro de dicho marco eran los aptos como actos de gobierno (una especie de absolutismo cultural).
Es así que nace lo que algunos analistas han llamado la supremacía (hasta una tendencia racista) indigenista, imbuida de un reformismo que en su momento había sido advertido por la Central Obrera Boliviana en el mes de Mayo del corriente año.
Pero ello no es todo, aparte de este espectro indigenista, bastante cerrado, sectario y cuasi omnipotente, concurrieron a la movilización social diferentes grupos de los denominados “movimientos sociales”, y hasta los que se legalizaron con estatutos propios convertidos en influyentes ONGs.
Entonces, en el acomodamiento de la heterogénea carga (incluidos sectores de la derecha) encuadrada en el MAS, comienzan a producirse los lógicos, normales y, en algunos casos, necesarios roces entre sus integrantes, debido a la ya prevista diferencia de modos de actuación y -hasta podría decirse sin temor a equivocación- de objetivos. Alguien ha definido al abanico englobado en el MAS como “una colectividad entumecida, y hasta enceguecida por la oportunidad del voto revanchista, pero equivocada porque todavía no sabe de donde viene como colección de movimientos sociales, ni a donde va, ni como y con qué, porque nadie le ha enseñado” (Jorge V.Ordenes L. en entrevista de “Analítica Consulting”).

Es de notar que todo lo que se considera acto de Gobierno está relacionado y destacado con la actividad de Poder Ejecutivo, que no escatima esfuerzos en la propaganda de los actos “populares” hasta para la entrega de útiles escolares. Sin embargo, y como bien lo tienen incorporado a su léxico los hermanos bolivianos, “no todo lo que brilla es oro”, y en estos últimos tiempos se ha podido percibir con mayor efectividad (como las dos asunciones presidenciales) la existencia de una doble faceta gubernamental, y porque no decirlo de un doble discurso.
(Continuará en el próximo número)
Maiwa Quispe
