martes, 26 de julio de 2011

JUVENTUD

JUVENTUD


A MIS HERMANOS:


Fuimos derrotados. Después de las heroicas luchas que libramos no sólo en nuestro país y en Latinoamérica, sino a lo largo y ancho del mundo, la burguesía ganó una batalla más en la arena de la lucha de clases. Y en esa derrota táctica, temporal, pero derrota al fin, se nos fueron cientos de miles de compañeros del campo popular, y con ellos los mejores hijos del pueblo. En tan solo algunos años la Santa Alianza de la burguesía supo desarticular la mayor parte de las formas de organización que nos fuimos dando al calor de la lucha contra nuestro histórico enemigo y, así, con nuestra clase dispersa y sin una vanguardia que saliera a marcarle el territorio a las distintas avanzadas imperialistas, se enseñoreó en todo el globo.

Quienes hoy somos jóvenes somos hijos directos de esa derrota. Nacimos y crecimos en un mundo donde, nos decían, la historia había terminado. En un mundo donde el Movimiento era una fantasía y la única lucha existente era entre las "democracias" y los "regímenes", lo moderno y lo antiguo, "lo que funciona" y lo que no.

"Es lo que hay" fue una frase que nos acostumbramos a escuchar mientras crecíamos. Y así lo vivimos la gran mayoría de nosotros: era lo que había porque era todo lo que conocíamos, no porque nuestros padres, abuelos o maestros se hubieran propuesto borrar la historia más reciente ni tampoco porque ellos mismos no la recordaran. Era todo lo que conocíamos porque la clase dominante se encargó de que fuéramos hijos de la amnesia. No de una amnesia individual, episódica, sino de una mucho más profunda: hijos de una amnesia colectiva.

De algún modo, crecer fue ir recuperando de a poco una memoria que nunca supimos que teníamos. Y si tuvimos que ir conociendo por vez primera esos recuerdos a los tumbos, torpemente y sin demasiados parámetros, fue porque el enemigo de clase se propuso cercenar de un solo golpe esos cientos de miles de brazos que, antes de que la mayoría de los que hoy somos jóvenes existiéramos, se pusieron en alto en pos de un mundo de iguales. La burguesía se propuso cercenar la vida de miles de compañeros y, a la par, todo un pedazo de historia no de Argentina ni siquiera de Latinoamérica: un pedazo de la historia y de la memoria del proletariado mundial.

El Combatiente N°46

Pero aquí estamos, décadas después. Aquí estamos los jóvenes que trabajamos, estudiamos y que de a poco vamos recordando...

Estamos recordando memorias que no son nuestras pero que nos pertenecen. Nos damos cuenta día a día de que, antes que nosotros, hubo otros.

Poco a poco vamos recordando.

Y a medida que lo hacemos, vamos tomando conciencia de ese tramo de historia que la clase dominante, lejos de borrar, marcó a fuego y sangre en nuestra memoria Colectiva. En ese ejercicio de memoria cotidiana nos vamos volviendo cada vez más huérfanos, pero en una orfandad diferente, esperanzadora.

Ahora somos huérfanos de la derrota y la amnesia, pesadillas ajenas.

Y somos huérfanos de todos esos pesares que, como mordazas invisibles, acallaban hasta hace no tanto a nuestros padres, nuestros abuelos y nuestros maestros.

Fuimos hijos de la derrota y de la amnesia, destinados a una vida sin sueños aún antes de nacer. Sin embargo, con cada día que pasa, nos volvemos un poco más huérfanos cuando nos vamos reencontrando al calor de la lucha y nos reconocemos como hermanos en otros rostros como el nuestro.

Atrás queda la desmemoria que organizaron para nosotros. Atrás quedan otros hermanos cuya presencia vence el plan que creyeron sería eterno: el de nuestra eterna amnesia.

A los jóvenes que nos antecedieron les digo que en cada uno de nosotros, en cada uno de los que se rebela, se organiza y se sueña libre en el presente, alguno de ustedes revive. Estoy seguro. Como debe ser la historia de los pueblos. esa historia que no sabe de amnesias.

Por eso, hoy más que nunca, saludo a todos los jóvenes luchadores, a todos esos hermanos que no conozco pero que sé que tengo. A ellos les digo: ¡El presente es lucha, el futuro es nuestro!