viernes, 7 de noviembre de 2008

OPINIÓN


MONTADOS EN EL VERDE ÁRBOL DE LA VIDA…

En una sociedad de clases, la clase dominante impone su ideología e impregna con ella a toda la sociedad. Así, todo es teñido con su versión oficial, siempre mentirosa, siempre tergiversada, siempre interesada. Lo ocurrido en los años de plomo, contado desde otras bocas, ofrece la posibilidad de escuchar otro canto: el de quienes hicieron esa historia… La historia que durante treinta años se intentó, en vano, esconder debajo de la interesada alfombra de quienes mandan y sus secuaces, los esbirros a sueldo que trabajan para ellos…

Casi todo dejamos en ese camino.
Empezamos siendo pocos compañeros.
Terminamos siendo hermanos, camaradas.

Marchamos sin brújulas ni mapas
con apenas referencias de experiencias lejanas
porque la crueldad de nuestras realidades
empujaba conciencias, armaba brazos…


El 9 de agosto de 1974, cuarenta y siete militantes del PRT y combatientes del ERP comenzaron una operación para aprovisionarse de pertrechos de guerra en los cuarteles del Regimiento 17º de Infantería Aerotransportada de Catamarca. El grupo, perteneciente a la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez”, partió de un campamento tucumano, ubicado en plena selva, denominado “La Horqueta”, bajo el mando de Hugo Irurzún, conocido como Capitán Santiago. Entre ellos, también, se encontraba Antonio del Carmen Fernández, conocido como el Negrito Fernández, miembro de la dirección del Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Casi todo dejamos en ese camino:
familia, seguridad
¡Y la paz!
Y todas esas cosas al común de la gente
fueron quedando atrás a pesar nuestro.


Cuando llegaron al lugar elegido para prepararse para la operación, dos jóvenes de la zona no sólo los vieron, sino que los delataron a la policía de la provincia. Rápidamente, efectivos de la Dirección de Investigaciones y la Comisaría Tercera fueron hasta el lugar señalado y se produjo, entonces, el primer enfrentamiento armado, en el cual mueren dos de los jóvenes recién llegados y son heridos varios policías. Como consecuencia del enfrentamiento, los combatientes del ERP se repliegan, desordenadamente, en tres grupos: uno, comandado por Irurzún, logra el escape secuestrando un automóvil que les permite volver a La Horqueta; trece de ellos escapan, algunos llegan a la terminal y al Valle Central, pero todos son apresados; y el último grupo, integrado por dieciséis combatientes al mando del Negrito Fernández, termina quedando aislado en una zona aledaña a la Capilla del Rosario, lugar conocido como "Cañadón de los Walther".

Casi todo quedó en ese camino
y digo CASI TODO
porque la dignidad y la voluntad de lucha
nunca la dejamos…

Casi todo dejé en ese camino y estoy vivo
pero no siento que estar vivo sea consuelo…
Lo viejo se resiste, enarbola banderas
cubiertas de injustias
empapadas de sangre…

Dos de los combatientes aislados en los cerros que circundan la capilla, bajaron a comprar pan hasta San José de Piedra Blanca donde fueron apresados por la policía que, mediante torturas, logró obtener la información de dónde había quedado el resto de la pequeña columna. Hacia allí fueron a buscarlos y cuando estaban llegando, el fuego de los combatientes produjo la muerte del oficial de policía Ramón Acevedo quien, como conocía el terreno, era el que guiaba al resto de la fuerza por las lomas de la zona. Este hecho fue la excusa justa para la intervención de efectivos del Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada, perteneciente al Tercer Cuerpo de Ejército y de la Policía Federal, que se sumaron a la Policía Provincial.

Pienso en un monte liberado
poblado de pájaros y flores.
Pienso en un monte liberado,
siempre pienso…

Lo veo cobijando rebeldías
reclamando amores,
exigiendo coraje, sacrificios.

Pienso en un monte liberado
donde cargado de alegres ilusiones
viví un intenso día de mi vida.


La represión a los combatientes fue dirigida por el jefe de la policía catamarqueña, teniente coronel (re) Rolando Anello; el Jefe de la Policía Federal, comisario Alberto Villar, uno de los jefes de la Triple A; el comandante del III Cuerpo de Ejército, general de brigada Ernesto Federico Della Croce, y el jefe del Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada, coronel Eduardo Humberto Cubas (yerno de Vicente Leonides Saadi). Los efectivos estaban armados con armas FAL, ametralladoras y morteros. Llegaron a la zona en camiones Unimog que tienen suspensión independiente en las cuatro ruedas, lo que permite que se trasladen con facilidad en zonas montañosas. Ante la superioridad en número, más de 300 efectivos, y en armamento, los combatientes, al mando del Negrito Fernández, se rindieron. Pese a ello, una vez apresados, fueron torturados y fusilados el 11 de Agosto de 1974… fieles a las órdenes que se cuidaron bien de acatar: "el ejército no toma prisioneros"…

Los combatientes asesinados presentaban heridas que las autopsias realizadas por tres médicos forenses dejaron en evidencia: todas eran heridas de armas de fuego, realizadas a corta distancia en la frente, en zonas vitales de sus cuerpos y/o sus miembros superiores, lo cual demostraba el intento de cubrirse de cada uno de ellos para evitar los golpes o la ejecución…

Hoy, ese monte que fuera un día liberado
está triste,
despojado de pájaros y flores
huérfano de amores,
pero dispuesto a recibirnos si volvemos…


En agosto de 1974, las torturas y los fusilamientos fueron denunciados ante la Justicia Federal por los familiares y los abogados Mario Marca, Ricardo Rípodas, Mario Marcolli, Mardonio Díaz Martínez, Silvio Frondizi y Alfredo Curuchet. Marca, Rípodas, Marcolli y Díaz Martínez, fueron detenidos y permanecieron como presos políticos hasta 1984. Poco después de la masacre de la Capilla del Rosario, Curuchet -el 10 de Septiembre- y Frondizi -el 27 de Septiembre de 1974- fueron asesinados por la Triple A, creada por José López Rega. Las denuncias realizadas entonces fueron archivadas. Sin embargo, sí fueron juzgados y condenados por el Fuero Federal los trece combatientes del PRT-ERP capturados con vida antes de la masacre… La mayoría de ellos permanecieron presos hasta 1984, después de haber sido trasladados innumerables veces por las diferentes cárceles del país pertenecientes al Servicio Penitenciario Federal.

Hoy, cuando los años inician
la marcha hacia mi ocaso
cuando tus ojos me inundan de misterios
cuando tu risa despierta mi alegría
comprendo, recuerdo…
que todas las cosas bellas de mi vida
moran en ese viejo monte liberado.


Casi treinta años después, en diciembre de 2004, Mirta de Clérici, Ana Radusky y Jorge Alberto Perea en representación de los organismos de derechos humanos de Catamarca y Córdoba, con el patrocinio de los abogados Claudio Orosz y Martín Fresneda (militantes de HIJOS) y Guillermo Díaz Martínez (a cargo de la Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Abogados catamarqueño e hijo de Mardonio), se presentaron ante el Juzgado Federal de Catamarca donde radicaron la denuncia para que se investigue la masacre y se comience a instruir la causa para determinar las razones, los autores de la llamada "Masacre de Capilla del Rosario" y la búsqueda de identificación de cinco cuerpos que fueron sepultados en 1974 como NN en el cementerio municipal.

En el marco de la investigación, el Equipo Argentino de Antropología Forense exhumó los restos de los cinco NN y logró identificar, en 2006, a Dardo Rutilio Betancour Roth, un uruguayo perteneciente a la organización Tupamaros que se había sumado a la lucha conjunta en el marco de la Junta Coordinadora Revolucionaria, una organización latinoamericana integrada, entre otras, por el PRT-ERP y Tupamaros. Los restos de Roth descansan en su país. También, este año, fueron identificados dos cuerpos más: otro miembro de la misma organización uruguaya, Hugo Cacciavillani y Alberto Rosales del PRT-ERP, un santiagueño que tenía 20 años en el momento de su asesinato.

Existen ya una cincuentena de testimonios en la causa, uno de los cuales, realizado por el entonces conscripto Fernando Gambarella, fue contundente: "Depusieron sus armas al verse en inferioridad numérica, pero igual fueron masacrados por efectivos del Ejército y de la Policía"…

Ha pasado el tiempo y la propia justicia burguesa ha enmarcado la causa en delitos de lesa humanidad. Pero, los de siempre, aquéllos que buscan cualquier recurso para empantanar la cancha, han presentado a través del defensor oficial Oscar Del Campo, un recurso de apelación en contra del procesamiento de los dos ex militares hasta ahora imputados en la causa: Carlos Eduardo Carrizo Salvadores y Carlos Nakagama. El recurso de apelación cuestiona la entidad de delitos de "lesa humanidad" que le otorgó la justicia a los hechos investigados…

Carrizo Salvadores, luego de haberse retirado del Ejército, estudió abogacía y ejerce alegremente su profesión en la Ciudad de San Salvador de Jujuy donde defiende, desde su status de “letrado” aceptado por el Colegio de Abogados de Jujuy, a genocidas implicados en otros juicios por delitos de lesa humanidad. Es decir, estudió para defender a sus pares…

Lo viejo maquillado con torpeza
moderniza un poco su lenguaje
guiña un ojo a sus viejos empleados
y marcha alegre…
los viejos sirvientes de lo viejo
imitan a sus amos viejos
hablan de valores desconocidos
por ello, hablan, por caso,
de patria, desigualdad, justicia, humildad…
Lo cierto es que lo viejo
con sus sirvientes viejos
nos llevan alegremente al abismo
y nosotros… ¿Qué hacemos…?


El 16 de Agosto de este año, en el propio lugar de los hechos, se presentaron los familiares, los denunciantes, los sobrevivientes de la masacre, viejos compañeros y ex presos políticos, para rendirles homenaje a sus compañeros masacrados en la zona de la Capilla del Rosario.

Esta brutal historia durante casi treinta años permaneció debajo de la alfombra de los impunes, los genocidas y sus cómplices, en el marco de impunidad que han tenido bajo el manto de las “democracias”. Salvo para unos pocos, permanece oculta, casi escondida a los ojos de todos. Si bien ha sido publicada en los diarios de Catamarca, algunos pequeños espacios de los diarios nacionales y algunas páginas de Internet, no ha tenido la relevancia de otros casos de ferocidad similar. Sin embargo, permanece fresca en la memoria de todos aquellos que aún deseamos un mundo mejor. Porque ellos, nuestros compañeros, no sólo ansiaban un mundo mejor, sino que dieron su sangre en la búsqueda.

Francisco Scocimarro, José María Molina, Crescencio Ibanez, Carlos Gutierrez, Luis Billinger, Mario Lescano, Héctor Moreno, Raúl Sainz, Alberto Rosales, Roberto Jerez, Luis López, Juan Carlos Lezcano, los uruguayos Carlos Trindidad da Silva y Rutilo Betancour Roth y Antonio del Carmen Fernández, nuestro querido Negrito Fernández, están vivos en nosotros, pese a todo, pese a toda la miseria del ocultamiento de la verdad.

Agosto es un mes poblado de voces silenciadas. Agosto es mes de masacres. Trelew aún nos grita en las entrañas. Capilla del Rosario será siempre un páramo ensangrentado...

Lo cierto es que lo viejo
con sus sirvientes viejos
nos llevan alegremente al abismo
y nosotros… ¿Qué hacemos…?


¿Nosotros qué hacemos? Nosotros no olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos. Nosotros seguimos la lucha: el mejor y único homenaje para mantener vivos a nuestros amados y arrojados compañeros. A vencer o morir.

Gracias, compañero Mustafá, por reparar la vida desde la poesía...


Amanda Cánepa.


Estoy montado en el verde árbol de la vida
alerta, enamorado
con tristezas
desazonado a veces…
Pero estoy montado.

Junto a todas las ausencias
junto a todos los olvidos
Estoy montado en el verde árbol de la vida.

De pronto recuerdo el “Patria o muerte” de un cubano
y el eco de ese grito conmueve mis sentidos
Veo pasar una mujer bonita,
sonrío ilusionado
para seguir montado en el verde árbol de la vida.


Poemas de Alfredo Hipólito Mustafá, sobreviviente de la Capilla del Rosario, ex preso político liberado en 1984.